Juan Retama |
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| Juan Retama |
| 08 abr 2005 actualizado 21:00 CET :: Leído 310 veces |
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Una
de las consecuencias de la estancia temporal de Felipe de Borbón,
Príncipe de Asturias y de su esposa, doña Leticia, en Mérida ha sido el
interés de algunos emeritenses, entre los que me encuentro, en hacernos
republicanos.
El
príncipe Felipe está en su real derecho a venir a Extremadura para lo
que guste, pero yo no creo que tenga tanto derecho a decir lo que dice
si lo que dice puede molestar a algunos extremeños. Sin duda, él no es el responsable de ese apoyo verbal peculiar a una forma, un estilo, de hacer política que ha llevado a esta región a las mas altas cotas de paro, especialmente en desempleo juvenil, fracaso escolar y fabulación social. Y eso, respetuosamente se lo digo, no se soluciona sólo con imaginación o, seamos francos, no se ha solucionado en los últimos 23 años ¡toda una vida!. Peor, esa forma de hacer política ha agrandado la separación entre esta hermosa tierra y el resto de España. Y, miren ustedes, a Rodríguez Ibarra –ese señor con barbas que sale tanto en la tele y que habitualmente está cabreado- esta vez no se le puede reprochar nada ya que él, lo demostró en ese mismo acto, va a lo suyo y cada cuatro años se examina ante los extremeños (sacando buenas notas, es evidente), pero lo mínimo que se le puede pedir, amablemente lo escribo, a la máxima institución del Estado, es un poco de tacto y finura para no pasarse de diplomático en los elogios. A mí, sinceramente, me gustaría decirle esto a los ojos al Príncipe (aunque para ello tendría que elevar mucho la vista ya que, de entrada y en altura, me saca 40 centímetros) y preguntarle, muy seriamente: ¿Quién le informa a usted, majestad?. Se lo digo porque le hace un flaco favor. |

