Josep Esteve Rico Sogorb |
| Rasgándose las vestiduras |
| José Estéban Rico Sogorb |
| 28 abr 2005 actualizado 16:39 CET :: Leído 405 veces |
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Es
que alucino. Como en el juego de la oca, vamos de espéctaculo en
espéctaculo. Entre la circense bronca parlamentaria-con mis respetos
para el digno mundo del Circo- ZP versus Rajoy, las airadas reacciones
de ciertos jerarcas de la Iglesia Católica y políticos del PP
rasgándose las vestiduras y clamando al cielo por lo del "matrimonio
homosexual", estamos pero que muy entretenidos.
Es
lamentable que un tema que afecta a un sector de la ciudadanía y a
derechos elementales recogidos en la Constitución, se esté utilizando
como elemento de discordia o arma arrojadiza desde la política y la
religión contra ciertos sectores sociales o civicos poseedores de una
problemática que desde tiempo atrás requería un tratamiento legal para
normalizar y regular su situación. Claro que, la nomenclatura o
definición tiene su importancia, porque "unión civil" y "matrimonio"
-en mayúsculas como las letras de films de Dino de Laurentiis o Cecil
B. de Mille- son términos diferentes jurídica y religiosamente. Las cosas se sacaron de contexto, se superlativizaron y exageraron al punto de que la cuestión no es matizar el tipo de estatuts de la unión homosexual que tal vez posea un error léxico al llamársele "matrimonio" -es subsanable y pecatta minutta en el fondo- sino las respuestas de políticos y religiosos conservadores. El remedio -furiosas reacciones- fue peor que la enfermedad -la ley de uniones homosexuales-. Las declaraciones de Ana Botella -¿ya no recuerda la Legionaria de Cristo cómo osó visitar al colectivo homosexual en plena campaña electoral para conseguir votos?- las palabras injuriantes de cierto cardenal italiano, las despectivas y discriminatorias negativas a casar a homosexuales por alcaldes del PP aludiendo "objección de conciencia" y las palabras humillantes de alcaldes catalanes del PP calificando al homosexual de "tarado mental" entre otras -acertadamente reaccionó Piqué expulsándoles del partido-; muestran odio, rencor, venganza, resquemor, talibanismo políticoreligioso, fanatismo ideológico-dogmático, escasa sensibilidad y nula comprensión hacia un colectivo tan digno como cualquier otro cuyos miembros se hallan hasta en las altas esferas, donde nadie -ni el PP ni la Iglesia inclusive- está exento de tener en su seno algún homosexual: como Felipe del Baño, diputado del PP valenciano y ex asesor de Zaplana que reconoció públicamente su condición. La Iglesia, en vez de cabrearse y alegar lo "natural" -como si no existiera en la naturaleza el hermafroditismo- y lo canónico o "divino", deberia hacer contrición, actualizarse a los tiempos eliminando a los pederastas de toda su jerarquía, cesar en su acoso y derribo a los curas homosexuales, permitir el sacerdocio femenino y autorizar el casamiento general de curas y monjas. El PP habría de ser menos visceral, más solidario y tolerante, debiendo mirar dentro de si porque, sus militantes homosexuales estarán molestos con las reacciones del partido. Que haberlos haylos y tenerlos los tiene, algunos saliendo a la luz valientemente. Si en el medievo la Inquisición ejecutaba por ideas y condición sexual y la Iglesia emprendía Cruzadas o los franquistas Tribunales de Orden Público torturaban a los homosexuales tras pasar éstos prisión en campos de concentración en la postguerra; hoy hay una nueva Cruzada moral diseñada por esos de los "Doberman" junto a inquisitoriales portadores de sotanas cuya visceralidad va en escalada. Demasiado ruido para pocas nueces. Al posible desasosiego y prisa del Ejecutivo ZP se respondió desde la Iglesia y el PP injusta e inmerecidamente de forma elevada a la enésima potencia. Y todo porque, no es lo mismo "unión" que "matrimonio". Por un matiz, la que han armado algunos al más puro estilo fanático religioso talibán. Vaya, vaya, el PP y la Iglesia nos han salido integristas en pleno siglo XXI humillando y rasgándose las vestiduras. Da pena. Josep Esteve Rico Sogorb
Escritor y periodista |

