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“Generales sin estrellas”. Jose Luis Arellano |
| “Generales sin estrellas”. |
| José Luis Arellanao Herrera |
| 10 jun 2005 actualizado 21:05 CET :: Leído 185 veces |
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Tenemos
una ciudad impresionante, que produce envidia a cualquiera que la
visita y somos precisamente nosotros, los primeros que pasamos
olímpicamente de ella, la estamos pisando día a día y no queremos
enterarnos de que lo que tenemos delante de nuestros ojos, es nuestra
ciudad. Es como si la ignorásemos, como si no existiese;
vemos pasar a nuestra gente, a nuestros amigos años y años y los
tratamos como si fueran desconocidos; ahí se cumple ese dicho de que
"los árboles no nos dejan ver
el bosque".
Tenemos
casi de todo, nos faltan muy pocas cosas para ser completos; nos
lavamos la cara por las mañanas en un hermoso río que se lleva consigo
nuestras nostalgias y nuestras pesadumbres del día anterior y nos
bañamos en un sol de primavera, casi todo el año para terminar
nuestros días, con los atardeceres otoñales que
inspiran al más burdo de los mortales; es una ciudad entrañable, alegre
y bulliciosa con tradiciones ancestrales que repetimos año tras
año, para no perder la costumbre. ¿
Se puede pedir más ?.
¡ Que bonita ciudad !, todo cuanto nos rodea es bonito, pero no todas las personas que nos rodean comparten esa belleza con su entorno; existen conductas que no favorecen en nada a nuestra vida cotidiana, en el día a día; existen “personajillos” de poca monta, seres cotidianos sin más, que te alientan con palmaditas en la espalda, que te adulan, que te babosean y que son casi siempre los mismos; los inútiles, los malsanos, sepulcros blanqueados que envilecen a la sociedad que les rodea con su conducta; que hacen infelices a los demás por envidia; personas que no son capaces de digerir las ideas de los demás, los éxitos ajenos, las alegrías del vecino o del amigo. Sería deseable, que este tipo de personas no existieran, porque hacen infelices a los demás, aunque podríamos ignorarlos o tratarlos con la indiferencia que merecen, pero el mal no queda solo en esto, el mal estriba en que utilizan el bulo, el comentario mal intencionado, y sin venir a cuento, te cuelgan la etiqueta, te encasillan, te insultan y se quedan tan frescos y solo porque no estás de acuerdo con ellos, porque no sonríes sus equivocadas elocuencias de mal gusto, o cuando acompañas y compartes actitudes con otras personas, que no son de su agrado. No se pueden, ni se deben colgar etiquetas en la España del siglo XXI en plena Democracia. ¿ Es que no nos han servido las lecciones que tuvimos que aprender y soportar durante las cinco últimas décadas en este país ?. ¿ De que nos han servido ?. El hombre evoluciona lentamente, ¡pero evoluciona!; no podemos quedarnos estancados como el paraje sombrío, como la piedra muda; como el arbusto silencioso, porque podríamos convertirnos en inmóviles estatuas de sal; como le ocurrió a la esposa de Lot, (el Patriarca hebreo) por mirar hacia atrás, cuando salían de Sodóma. Estamos aprendiendo a rectificar y valorar otra serie de cosas y otras actitudes en las personas que probablemente antes, no pudimos valorar ni rectificar, por haber vivido en situaciones distintas o circunstancias adversas que lo impedían. La amistad con determinadas personas, aún siendo de ideología política distinta a la tuya, predispone al reforzamiento de la Democracia. Eso es bueno, pero muchos no lo entienden. En la diversidad debe estar el entendimiento; por lo que no todo es bueno, ni es malo, ni todo lo contrario; y sería interesante, que los que tanto prodigan ese tipo de conductas anómalas, malignas, retorcidas y perversas, ocultándose en las espaldas de otros mejor situados, fueran más prudentes y demostraran su valía con hechos, abundando en la amistad, en la buena fe y en el sacrificio por los demás. Así se crece positivamente, de otro modo no. Lo otro no me sirve, y hay que mejorar en ese aspecto, porque es una pena que en esta preciosa ciudad, donde tanto abunda lo bueno, existan "GENERALES sin estrellas", que disfruten poniendo "Medallitas ó Etiquetas", en el pecho de los demás, sin darse cuenta que ellos van a seguir siendo “indocumentados refugiados en Mérida”, como personal de tropa. Mérida, no necesita “Generales” de este tipo. Mérida necesita mejores actitudes, más amor a los demás y menos “sinvergüenzas vocíferos autorizados, con entrada libre” que se dedican al insulto por costumbre y desde luego menos mala fe. ¿ No os parece ?. |