Jose Luis Arellano |
| Decisiones e indecisiones |
| Jose Luis Arellano |
| 05 ago 2008 actualizado 19:47 CET :: Leído 188 veces |
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Ser prudente a la hora de tomar una decisión, es la primera norma que un ejecutivo debe tener en cuenta y ser prudente por antonomasia, es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir, lo que es bueno o malo para seguirlo, o huir de ello. Es solo una cuestión de templanza y buen juicio. Pero cuando ya se ha tomado una decisión, lo primero que hay que hacer, es llevarla a su ejecución, hasta sus últimas consecuencias, incluso en el caso de habernos equivocado; por que es solamente una cuestión de principios, de equidad, de sentido de la responsabilidad, etc. ¿ Y por que digo esto ?. Pues digo esto, porque hace ya algunas noches, que cuando paso por la Puerta de la Villa dando un paseo con mi mujer, me encuentro con la DESDICHADA casa que se está derribando, y los comentarios de muchos turistas que pasan o llegan al lugar, siempre son los mismos: ¡ Que pena de Plaza con esa casa medio derruida !; o ¡ Cuanta porquería !, en todo el centro de la ciudad, entre los naranjos silvestres y los cascotes de mencionada casa". Y me gustaría saber, quién es el responsable del derribo de mencionada vivienda; pues llevan dos meses con la demolición de la misma y aún queda más de la mitad del trabajo por hacer y no solo se trata de defender a la ciudadanía de los malos olores de la fábrica Extremeña de Grasas -porque estemos en época de Festival-; existen otras series de circunstancias, de las que también hay que preocuparse. Y lo de la Puerta de la Villa, es que ya raya en lo más... Si es, el Excmo. Ayuntamiento, quien tiene la obligación de controlar la demolición de determinada casa, creo que existe una falta total de atención y responsabilidad por su parte; pero si por el contrario, es el propietario, el que tiene que encargarse de su derrumbamiento, me da la impresión de que se está riendo del Ayuntamiento y de los ciudadanos; porque no es de recibo, que una casa que solo tiene cuatro paredes de mala muerte, pueda estar casi dos meses, para solo haber tirado la mitad de la misma. Y es que si seguimos al ritmo que vamos, cuando llegue la Navidad del 2.009, seguro que no hemos terminado todavía de tirar la dichosa casa. A lo mejor, es que por ser tan importante citado inmueble y haber estado catalogado, hay que ir derribándolo poco a poco, dedicándole un protocolo especial, cada vez que retiren un ladrillo. Es de risa. ¡ Claro !, tirar una casa en la Puerta de la Villa, no es lo mismo que hacerlo en la Barriada de San Lázaro o de San Andrés -con todos mis respetos para las mismas-, pero seguro que si la situación geográfica de esa vivienda, hubiera estado en esas barriadas, la casa en cuestión ya habría dejado de existir hace mucho tiempo. Es sencillamente vergonzoso el espectáculo que estamos dando a nuestros visitantes y el que estamos viviendo los emeritenses, con la dichosa casa de la Puerta de la Villa, y no es que yo personalmente tenga ninguna animosidad en contra ni de unos, ni de otros. De todas formas, hay una cosa que es clarísima y es que, las indecisiones de los responsables del derribo, siempre se pagan de una u otra forma; pero si además los responsables de tal decisión, son políticos lo pagan seguro, porque el pueblo es muy desmemoriado y siempre queda en la cabeza lo malo; nunca lo bien hecho, porque lo bien hecho, es una obligación de quien gobierna. Eso es exactamente igual, que lo que está ocurriendo con la rotonda de La Torre de Mérida; porque no se entiende, que para poner unos bordes o cerquillos de veinte centímetros de altura, en un círculo de un metro o metro y medio de diámetro y colocar un "Milliarium romano", de los que se están pudriendo en los almacenes del Consorcio de la Ciudad Monumental, no creemos que haga falta mucho; sobre todo cuando todos los responsables han dado ya su visto bueno y disponemos de personal en los Talleres municipales para realizarlo. Eso es un trabajo de cinco o seis horas y no es suficiente con ser bueno en política, también hay que parecerlo. ¡ Ya está bien !. |

