Y hemos aquí el problema: Sólo hemos considerado que la dimensión vertical del Estado era regulable y organizable en pro del bienestar del conjunto, o lo que es lo mismo: Las reuniones bilaterales entre poder central y uno o varios territorios autonómicos (por lo que antes explique no voy a caer en la dicotomía Estado/ Autonomías) aportan estabilidad. Sí, las conferencias verticales entre poder central y poderes autonómicos sirve. Pero en un sistema de distribución competencial en el que hay vida más allá de competencias exclusivas del Estado (como explica el 149) y competencias concurrentes, hemos olvidado dotar al sistema, dentro de ese esquema vertical, de mecanismos horizontales, que regulen reuniones y comisiones a través de las cuales las comunidades autónomas puedan relacionarse, poner puntos en común y acordar multitud de cuestiones sin intervención del Gobierno central. Porque las competencias asumidas por las CCAA con titularidad y gestión son ya varias.
Muchas vías se atisban en el futuro para dar respuesta a esta posible solución. La más conocida, manida y nunca practicada es la reforma del Senado, para que realmente se convierta en una cámara de representación territorial (art. 69.1) y deje de ser un Congreso descafeinado para políticos jóvenes o para viejas glorias. Otra ha sido la Conferencia de Presidentes de Zapatero, una idea de carácter dispositivo del presidente del gobierno, aun sin regular y sin consecuencias formales más allá de compromisos políticos. Dos interesantes ideas, sí, pero insuficientes desde el nivel de interrelación horizontal del Estado.
La idea del presidente extremeño sorprende por lo poco habitual y por lo sugerente y útil. Se atisba en la idea un cierto aire alemán y una lectura a D. Eliseo Aja. Tomemos nota.