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Resurrección J.D. Encinas |
| Resurrección |
| J.D. Encinas | |||||
| 09 may 2008 actualizado 13:27 CET :: Leído 52 veces | |||||
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Ambigua palabra para algunos, pero tan real como la vida misma para muchos. La resurrección no es una simple reanimación de un cuerpo muerto; es una nueva manera de ser, un cambio de profundidad. No es sólo para un tiempo, sino para siempre. Nadie ha asistido a la resurrección de Cristo y nadie nos la puede describir. Nunca sabremos como se produjo. Lo que si se puede afirmar es que el Padre resucitó a Jesús. Los suyos no le reconocían; sus ojos estaban ciegos, como los dos discípulos de Emaús, que fue hablando con ellos durante todo el trayecto hasta llegar a casa y no lo reconocieron hasta hacer la fracción del pan; o simplemente una palabra, como cuando llamó a María Magdalena por su nombre. El significado de la Resurrección se percibe por la línea de la espiritualidad y de la fe. Y el gran mensaje que brota de ella es: ¡Ánimo, que tenemos futuro, que la vida y la bondad están por encima de todos los miedos y desánimos! La resurrección de Jesús es una buenísima noticia. También lo es para todos, saber que no todo se detiene ahí, como si fuera una prerrogativa exclusiva de Jesús. Es buena noticia para todos saber que estamos llamados a tener parte en su resurrección, a construir un mundo nuevo, a ser vencedores del mal, de la muerte... La resurrección no es sólo cuestión del pasado o para el final de los tiempos; es una cuestión para el presente. Ha de ser determinante para toda la humanidad en la vida de todos los días. Por eso Jesús aparece en la vida ordinaria. Nacer de nuevo es un reto inalcanzable a los ojos de cualquiera. Por eso resulta más práctico confiar en la investigación, la ciencia, los avances, la tecnología... como posibles elementos que mejoren nuestra vida. Como a Nicodemo, nos parece una locura que nos propongan renacer. ¿Cómo resituar nuestra vida y volver a empezar, a vivirla desde el comienzo? Para las Sagradas Escrituras, es importante no situar el punto de partida en el vientre materno, en el momento en que los días y las horas comenzaron para todos. El punto de partida es uno mismo, su propia forma de ser, su identidad personal. Cada día podemos vivir una nueva creación.
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