J.D. Encinas |
| Persona disminuida, el eterno excluido por la sociedad |
| J D Encinas |
| 09 jul 2008 actualizado 23:27 CET :: Leído 116 veces |
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Me lleva a hacer este artículo, con la finalidad de ver de que materia prima está hecha el corazón del ser humano, y mis preguntas son las siguientes: ¿Por qué se evita, o se da de lado a las personas con discapacidad, sobre todo a los discapacitados psíquicos? ¿Qué ocurre? ¿Qué no los consideran seres humanos? ¿Por qué se les aparta? ¿Por qué se les excluye? ¿Por qué se les esconde? Son tan validos como cualquier otro ser humano, necesita como cualquier otra persona de una formación por profesores profesionales y adecuados, porque como es lógico no tienen un coeficiente intelectual medio alto; pero ellos lo combaten con su pundonor con su entrega, son trabajadores natos, no "pasan del tema" como muchos inteligentes. Por supuesto no pueden alcanzar una carrera de médico, de arquitecto, de químico, de periodista... ni tan siquiera de ATS.; pero si hay otras muchas profesiones que si pueden realizar, ¡claro está!, si tuvieran las mismas opciones para aprender que el resto de las personas. Que hacen el Gobierno Central y los Autonómicos, por supuesto olvidarse de ese colectivo. ¿Cuántas veces hemos oído lo que les hacía el Dictador Adolf Hitler a las personas que tenían una tara física o psíquica?, pues los que nos han gobernado y los que nos gobiernan actualmente, con su despotismo hacia estos colectivos se los están cargando moral y psíquicamente, denigrándolos como personas humanas, sin darles la más mínima oportunidad para su integración social. Les basta con permitir que existan algunas Asociaciones o Federación de Asociaciones en nuestra región como pueden ser: APNABA, C0CEMFE EXTREMADURA, DOWN EXTREMADURA, FEAPS EXTREMADURA, y algunas otras, eso sí, para que estas Asociaciones puedan existir deben tener muy visible la placa indentificativa de la Junta de Extremadura, si es en nuestra región; sobre todo la buena imagen - hay que engañar al analfabetismo social que existe sobre el tema que nos ocupa -, no puede ser menos hay que guardar las apariencias. Con esto no progresamos en nada, ni progresaremos nunca, seguirán siendo personas marginadas; para que estas personas sean integradas con todas sus consecuencias en la sociedad en que vivimos, primero habría que concienciar a los padres, educándoles en el sentido de que sus hijos son iguales en derechos y deberes que el resto del ser humano. Con ello El Gobierno Central y los Autonómicos deben cambiar por completo todo el sistema educativo y de formación para su integración a todo tipo de trabajo, y concienciarse de que debe mucho a estos colectivos, por la cantidad de tiempo que han estado olvidados y marginados. Entérense de una vez por todas Sres. Responsables del Gobierno, que las persona disminuidas tienen derecho como todas las demás: a disfrutar de las maravillas que nos han dejado nuestros antepasados y la propia naturaleza, cosa que no pueden realizar muchos de ellos porque la accesibilidad a ellos es prácticamente nula. A la sociedad eclesiástica, recordarles que no deben olvidarse de las obras de misericordia corporales, que la Iglesia vivió en sus primeros tiempos y algunos años después, visitando a los enfermos, atendiendo a los necesitados, a los marginados. Insistió mucho en la necesidad y en la urgencia de esta manifestación de caridad y misericordia, que tanto bien hace al que lo necesita y a quien la practica; Ya se trate de niños que han de nacer, de personas ancianas, de impedidos física o psíquicamente. Todo esto es gloria celestial a los oídos, pero muy lejos de la realidad cruda y cruel. A la sociedad civil, decirles que ya está bien de hacerse los desentendidos ante este problema tan grave que tienen estos colectivos, ¡basta ya! de mirar a otro lado, de hacerse oídos sordos; o lanzar necedades contra este colectivo, como, - ya están aquí estos subnormales - cuando se encuentran con ellos en eventos público. La subnormalidad está en todos nosotros cuando nuestro comportamiento no es acorde con las circunstancias. Por otra parte, se ha dicho siempre que se puede juzgar de una civilización, según su manera de conducirse con los débiles, con los niños, con los enfermos, con los marginados, con los más necesitados... Allí donde se encuentre el más débil entre los débiles, ha de ser el lugar por excelencia, donde cada persona debe ser tratada con dignidad y respeto.
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