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J.D. Encinas
Los judíos tenían una idea equivocada de Jesús
J.D. Encinas   
13 jun 2008 actualizado 23:25 CET :: Leído 135 veces
Estaba Jesús cerca de Jerusalén y muchos esperaban una llegada inminente del Reino de Dios, un reino - según esa falsa opinión - de carácter temporal. El Señor, pensaban, entraría triunfalmente en la ciudad después de vencer al poder romano, y ellos tendrían un puesto privilegiado cuando llegara ese momento. Esta ilusión, tan alejada de la realidad existente en muchos círculos judíos de la época. Para corregir a fondo ese error, Jesús expuso una parábola.

Un hombre de origen noble marchó a un país lejano a recibir la investidura real. Era costumbre que los reyes de territorios dependientes del imperio romano recibieran el poder de manos del emperador, y a veces tenían incluso que ir a Roma. En la parábola, este personaje ilustre dejo la administración de su territorio a diez hombres de su confianza y se marchó a recibir la investidura. Les dio diez "minas". La "mina" no era una moneda acuñada, pero se utilizaba.

como una unidad contable; equivalía a 35 gramos de oro. Estos hombres recibieron un encargo: "Negociad hasta mi vuelta". Se trataba de hacer rendir un pequeño tesoro. Y estos hombres cumplieron su encargo: hicieron préstamos con interés, visitaron ferias, compraron y vendieron. Trabajaron bien para su señor durante semanas, meses y años.

Mientras aquellos administradores fieles procuraban con empeño hacer rendir el tesoro de su señor, muchos ciudadanos de aquel país le odiaban y enviaron una embajada tras él para decirle: 'no queremos que éste reine sobre nosotros'. Cristo debió de introducir con mucha pena estas palabras en medio del relato, pues habla de Sí mismo en la parábola: Él es el hombre ilustre que se marcha a tierras lejanas. Jesús veía en los ojos de muchos fariseos un odio creciente y el rechazo más completo. Cuanto mayor era su bondad y mayores las muestras de su misericordia, más aumentaba la incomprensión que se advertía en muchos rostros.

Cristo quiere también expresar el rechazo que había de sufrir por tantos a lo largo de los siglos. ¿Es acaso menor el que se da en nuestros días? ¿Son acaso pequeños el odio y la indiferencia? En la literatura, en los medios de comunicación audio visuales y escritos, en el arte, en la ciencia... En las familias..., parece oírse un griterío gigantesco, ¡no queremos que éste reine sobre nosotros! Él, "que es autor del universo y de cada una de las criaturas, y que no se impone dominando: mendiga un poco de amor, mostrándonos, en silencio, sus manos llagadas".

Al cabo de un tiempo volvió aquel señor con la investidura real; entonces, recompensó espléndidamente a aquellos siervos que se afanaron por hacer rendir lo que recibieron, y castigó duramente a quines en su ausencia le rechazaron y a uno de los administradores que malgastó el tiempo y no hizo rendir la "mina" que había recibido. "El mal siervo no se aplicó y nada devolvió, no honró a su amo y fue castigado".

Cristo, cada día nos envía una serie de dones que debemos rentabilizar: a la familia, al doctor, al científico, al constructor, al trabajador, al deportista, al agricultor, al empresario..., y al final de nuestros días Él nos pedirá la cuenta de resultados de esos bienes. ¡Cuidaros aquellos que os habéis dormido en los laureles, o han hecho mal uso de esos dones!


 
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