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J.D. Encinas
La familia cristiana
J.D. Encinas   
02 jul 2005 actualizado 00:38 CET :: Leído 375 veces
El corazón está hecho para Diosy, en Dios, para todas las cosas buenas y nobles de la tierra.

A todos nos es muy ùtil preguntarnoscon cierta frecuencia: ¿En que tengo yo puesto el corazón?, ¿cual es mi tesoro?, ¿en que pienso de modo habitual?, ¿cual es el centro de mis preocupacionesmas íntimas?..... ¿Es Dios presente en el Sagrario, quizà a poco distancia de donde vivo?, o por el contrario, ¿son los negocios, el estudio, el trabajo, lo que ocupa el primer lugar....., o los egoismos insatisfechos, el fan de tener más?.
Muchos hombres y mnujeres, si se respondieran con sinceridad, diría, ¡pero! ¿que estoy haciendo?, ¡pienso en mi y sólo en mí!, ¡soy egoista!.

Yo os pediría, tengáis puesto vuestro corazón en Dios, y todos los sentidos en la misión que Él nos ha encomendado, y en las personas necesitadas y cosas por Dios, siempre haciendo todo en Él y por Èl; Jesús, con una sabiduría infiníta nos dice: Amontonad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla, ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones, ni socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón.

Nuestro corazón está puesto en el Señor, porque El es el tesoro, de modo absoluto y real, y no la salud, ni el prestigio, ni el bienestar, esas son cosas superfluas.........Solo Cristo. Y por El, de modo ordenado, los demás quehaceres nobles de un cristiano corriente que está vocacionalmente metido en el mundo. De modo poarticular, el Señor quiere que pongamos el corazón en la família que tengamos, que son a quienes en primer lugar debemos enseñar la vereda por la que tenemos que seguir a Dios.

La atención que debemos prestar a la familia, es ayudar a salir de su egoísmo al hombre y la mujer; a ganar generosidad, a encontrar la alegría y felicidad verdadera.

El ejemplo de los padres en el hogar, o de los hermanos, es en muchas ocasiones, definitivo para los demás miembre, que aprenden a ver el mundo, desde un entorno cristiano. Es de tal importancia la familía, por voluntad divina, que en ella, <<tiene su principiola acción evangelizadora de l a Iglesía>>. Ella, es el primer ambiente apto para sembrar la semilladel Evangelio y donde padres e hijos, como células vivas, van asimilando el ideal cristiano del servicio a Dios a la familia y a los hermanos. ¡Es un lugar espléndido de apostolado!.

Cuando estéis leyendo ésto, os preocupéis de que esté toda la familia reunida, y una vez leído, hagáis un exámen de conciencia y os preguntéis, ¿es así nuestra familía?, ¿somos levadura que día a día va transformando, poco a poco, a quienes estamos bajo el mismo techo?. Si pedimos frecuentemente al Señor la vocación cristiana de los hijos, de los hermanos - o incluso de nuestros padres - a una entrega plena a Diós; recibiremos de El la gracia más grande que el Señor pueda dar, el verdadero tesoro que muchos pueden encontrar.

Donde está el propio tesoro, allí están el amor, la entrega sin recompensas, los mejores sacrificios. Por eso debemos valorar mucho la particular llamada que cada uno ha recibido, y las personas con las que convivimos, que son beneficiarias inmediatas de ese tesoro nuestro, porque difícilmente queremos lo que consideramos de escaso valor espiritual.

La familía es la pieza más importante de la sociedad, donde Dios tiene su más firma apoyo. Y, es la más atacada desde todos los frentes,: sistemas de impuestos que ignoran el valor de la familía, de sus principios morales y religiosos, el materialismo, el hedoismo que trata de fomentar una concepción de la familía antinatalista, falso sentido de la  libertad y de independén, programas sociales que no favorecen en nada, para que los padres puedan dedicar ell tiempo necesario a los hijos.

Los padres han de ser consfientes de que ningún poder terreno puede eximirles de esta responsabilidad, que les ha sido dada por Dios en nrelación con su hijos. Y todos hemos recibido del Señor de distintas formas, el cuidado de los nuestros.

Nadie responderá por nosotros ante Dios, cuando nos dirija la pregunta:
¿Donde están los que te dí?, debemos de hacer lo imposible para poder responderle -no he pedido a ninguno de los que me distes-, porque supimos poner, Señor, con tu gracia, medios ordinarios y extraordinarios para que nínguno se extraviara.

Dios pide un amor atento, un corazón vigilante, para percibir si en el ambiente familiar se van introduciendo modos de proceder, que desdicen de un hogar cirstiano; si en la T.V. se ven programas sin selecciona, o con demasiada frecuencia, si se habla poco de los temas comunes; debemos comunicarnos bastante más entre nosotros, de lo que lo hacemos actualmente.

Pensemos si la família y las personas a nuestro cargo y cuidado, ocupan el lugar querido por Dios, si el nuestro es para ellos un corazón vigilante, que está siempre pendiente de la menor desviación del Camino, que es nuestro Señor Jesucristo.

Vida familiar, significa en muchas casas tener tiempo, que si nos lo proponemos, siempre lo tenemos, para los que nos rodean: Celebrar fiestas de família, hablar, escuhar, comprender, rezar juntos..... No basta con tener un cariño latente y genérico, sino que hay que hay que hacerlo crecer,: es necesario empeño y oración, ejerciio de las virtudes humanas y olvido de uno/a mismo/a.

Ahora, cuando los ataque a las familias se han multiplicado, es el mejor modo de defenderla, con cariño humano y verdadero, -contando con los defectos propios y ajenos- y  hacer presente a Dios gratamente en nuestro hogares.

No es necesario que sean numerósas las prácticas de piedad en la família, pero sería poco natural, que no se realizara ninguna en un hogar en el que todos, o casi todos se profesan creyentes. No tendría mucho sentido que individualmente se consideren buenos creyentes y que ello no se refleje en la vida familiar, no tendría sentido. ¡Cuantos habrán hallado la puerta del Cielo, gracias a las oraciones que aprendieron de sus padres, de la abuela o de la hermana mayor!.

            ¡LUCHEMOS POR UNA FAMÍLIA CRISTIANA!
 
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