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J.D. Encinas
La Dignidad del matrimonio cristiano
J.D. Encinas   
08 jul 2005 actualizado 21:27 CET :: Leído 276 veces
Jesús enseñando a una multitud llegada de todas las poblaciones vecinas. Y en medio de estas personas sencillasque han venido con el corazón abierto para recibir con avidez la Palabra de Dios se presentan - como ocurre acutalmente cuando sale a coalición el tema de Cristo, - unos fariseos con intenciones torcidas, queriendo enfrentar a Cristo con la Ley de Moisés.

Le preguntaron, ¿es lícito al marido repudiar a a su mujer?, Jesús les dijo: ¿ Que os mandó Moisés ?, los fariseos contestarón: Moisés permitió darle escrito el libelo de repudio y despedirla.

Jesús, hijo de Dios, conoce a la perfección el sentido de esta Ley: Moisés había permitido el divorcio, por la dureza de corazón y de cerviz de su pueblo; viendo ésto, potegiò la condición de la mujer, ¡era denigrante!, la consideraba como esclava, sin derecho alguno. Por ello prescribió un documento (el libelo de repudio), por el cual la mujer repudiada, recuperaba de nuevo su libertad. Este certificado significó un verdadero avance social, para aquellos tiempos de barbarie en tantas costumbres.

Jesús sigue hablando a la multitud y también a los fariseos, devolviendo a su pureza original, la dignidad del matrimonio, según lo instituyera Dios, al pricipio de la creación:
Los hizo Dios, varón y mujer; por esto, dejerá el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne, de modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, que no separe el hombre.

De vuelta a casa los discípulos de Jesús seguían comentando cuanto habían escuchado de Él, y ya estando todos en casa volvieron a preguntarle sobre el tema principal. Jesús les contestó con una declaración a perpetuidad:
Cualquiera que repudie a su mujer y se una con otra, comete adulterio contra aquella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Como se puede ver, Dios estableció desde principio, la unidad y la indisolubilidad del matrimonio. San Juan Crisóstomo, comentando esta enseñanza de Jesús hijo de Dios, espresa en forma clara y sencilla, que el matrimonio es de un hombre con una mujer y para siempre.

El matrimonio no es un simple contrato privado, no puede romperse por voluntad de los contrayentes. No existe razón humana, por muy fuerte que pueda parecer, capaz de justificar el divorcio, que es contrario a la Ley natural y diviana.

Juan Pablo II, alentaba a los esposos cristianos para que, aún viviendo en ambientes donde las normas de vida cristiana, no sean tenidas en la debida consideración o sufran una fuerte presión contraria, hay que ser fieles ala proyecto cristiano de la vida familiar.

Jesucristo, en contra del ambiente de aquella época acerca de la institución matrimonial, le devuelve toda su dignidad originaria y la eleva al orden sobrenatural, al instituir el matriminio, como uno de los siete sacramentos que habían de santificar a los cónyugues y la vida familiar.

Hoy, cuando en tantos ambientes se ataca la dignidad de este Sacramento y sus prioridades esenciales, o tratan de ridiculizarlo, - como el mismo Gobierno Español, aprobando "leyes" que van en contra del matrimonio, en todos sus ámbitos. Los cristianos tenemos el deber, como hiciera Jesús en su tiempo, hacer nuestra apología y poner las bases para que la família, unida y sólida, sea cimiento de la misma sociedad.

La ejemplaridad y la alegria de los esposos cristianos, han de preceder en el apostolado con los hijos, y con otras familias a quienes tratemos por razones de amistad, relaciones sociales, objetivos comunes en la educación de los hijos, etc.. Esa alegría, en medio de las dificultades normales de toda família, nace de una vida con Cristo, de correspondencia a la vocación matrimonial.

El matrimonio no es sólo una institución social; no es sólo un estado jurídico, civil y canónico. ¡Es una nueva vida!, abnegada, rebosante de amor santificante de los cónyugues, y santificadora de todos los que componen la familia.

Si los cónyugues se aman con amor humano y sobrenatural, serán ejemplares, y los hijos se miraran en su padres, para encontrar respuesta a tantos interrogantes como les plantea la vida.

Ante todo lo expuesto sobre la dignidad del matrimonio cristiano, no me queda más remedio de hacer un llamamiento a todas las famílias cristianas que creen en la divinidad del matrimonio, no dejar que nos manchen este Sacramento que Jesucristo nos quedó instituido.


 
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