J.D. Encinas |
| Fidelidad y compromiso |
| J.D. Encinas |
| 06 jun 2008 actualizado 13:00 CET :: Leído 110 veces |
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En tiempos del rey Antíoco se desató una fortísima persecución contra Israel. El Templo fue profanado y en él se introdujo el culto a los dioses griegos en lugar de a Yahvé. Se prohibió celebrar el sábado, y cada mes los judíos eran obligados a celebrar el natalicio del rey, participando en los sacrificios que se inmolaban con este motivo y comiendo sus carnes. Eleazar, un anciano venerable de noventa años, se mantuvo fiel a la fe de sus padres y prefirió la muerte a tomar parte en estos sacrificios. Antiguos amigos le propusieron traer alimentos permitidos para simular delante de los demás que había comido carnes sacrificadas, según el mandato del rey. Haciendo esto - le decían -, se libraría de la muerte. Pero Eleazar se mantuvo fiel a la vida ejemplar que había llevado desde niño, considerando que era indigno de su ancianidad simular, no fuera que luego pudiesen decir los jóvenes que, a sus noventa años, se había paganizado con los extranjeros. ‘Mi simulación por amor de esta corta y perecedera vida - dijo - los induciría a error, y echaría sobre mi vejez la afrenta y el oprobio; y aunque al presente lograra librarme de los castigos humanos, de las manos del Omnipotente no escaparé ni en la vida ni en la muerte'. Eleazar se encaminó al suplicio y, estando a punto de morir, exclamó: "El Señor Santísimo ve bien que, pudiendo librarme de la muerte, doy mi cuerpo al tormento; pero mi alma lo sufre gozosa en el temor de Dios". A la vista de este relato del Antiguo Testamento, que recoge la ejemplaridad de la muerte de un anciano de 90 años fiel a los principios adquirido a través de sus padres. Ello debería llevarnos a escudriñar dentro de nuestro interior, porque no creo que las buenas enseñanzas de nuestros abuelos y de nuestros padres se hayan perdido definitivamente. Debemos renovarnos, sacar a la luz todo lo bueno que aprendimos y que llevamos dentro; adquiridas en nuestra niñez y juventud, y transmitirlo a nuestros hijos a nuestros nietos, es necesario que quienes van a tomar las riendas de la vida después de nosotros, lo hagan desde el amor, la igualdad, el compromiso, la humildad... Que desechen la maldad, el materialismo, el egoísmo, el fanatismo del poder o de querer poseer... Es un compromiso que todas las mujeres y todos los hombres de buenos principios deberíamos acometer con todas nuestras energías, no debemos permitir que sigan ocurriendo las barbaridades que acontecen cada día. Si todos y cada unos de nosotros en lugar de hacer oídos sordos, y mirar para otro lado cuando vemos que algo está mal hecho, nos reveláramos contra todo y contra todos, sería un gran ejemplo para la nueva generación - que no es mala - , si nosotros ponemos los medios para que no lo sea. La fidelidad de Eleazar a la fe de sus mayores sirvió además para que otros muchos del pueblo de Israel permanecieran firmes en sus creencias y costumbres. Nunca queda aislada la fidelidad de una mujer, de un hombre. Son muchos los que sin saberlo expresamente, se apoyan en ella. Una de las grandes alegrías que el Señor nos hará gustar será el poder contemplar a todos aquellos que permanecieron firmes en su fe, apoyándose en una sólida coherencia. La virtud humana que corresponde a la fidelidad, es la lealtad, esencial para toda convivencia. Sin un clima de lealtad, las relaciones y vínculos entre los hombres degenerarían a lo sumo en una mera coexistencia, con su cortejo inseparable de inseguridad y desconfianza. La vida propiamente social no sería posible si no se diera ‘aquella observancia de los pactos sin la que no es posible una tranquila convivencia entre los pueblos'. Muchas veces se echa de menos la honradez para cumplir la palabra dada y los compromisos libremente adquiridos. |

