J.D. Encinas |
| Virtudes humanas |
| J.D. Encinas |
| 22 jul 2005 actualizado 14:53 CET :: Leído 353 veces |
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Jesús,
en su parábola del sembrador, nos enseña como -la buena semilla-, la
semilla de la gracia cae en terrenos muy distintos; en el camino
endurecido por el paso de mujeres y hombres, entre espinos, en medio de
un pedregal......., y en tierra buena.
Dios
quiere que seamos 'esa Tierra Buena', bien preparada que acoja la
semilla, y en el tiempo de la siega da una buena y abundante cosecha. Las virtudes humanas naturales, constituyen en el hombre y la mujer, el terreno bien dispuesto para que, con la ayuda de la gracia divina, origen y crezcan los sobrenaturales. Muchos que, quizá por ignorancia, viven alejados de Dios, pero han cultivado esas disposiciones nobles y honradas, están bien dispuestos y preparados para recibir la gracia de la fe, porque el comportamiento humano recto, compone, como el punto de apoyo del Edificio Sobrenatural. La vida de la gracia en el cristiano, no está superpuesta a la realidad humana, sino que la penetra, la enriquece y la perfecciona. El orden sobrenatural no prescinde del orden natural, ni mucho menos lo destruye; por el contrario, lo levanta y lo perfecciona, y cada uno de los ordenes presta al otro un auxilio, como, un complemento proporcionado a su propia naturaleza y dignidad, puesto que ambos proceden de Dios, que no puede menos de estar de acuerdo consigo mismo. Aunque la gracia pueda transformar por si misma a las personas, lo normal es que requiera las virtudes humanas, pues, ¿como podría arraigar por ejemplo, la virtud cardinal de la fortalezaen un cristiano que no se venciera a pequeños hábitos de comodidad, o de pereza, que estuviera excesivamente preocupado del calor o del frio; que se dejara llevar habitualmente por los estados de ánimo, que estuviera pendiente de sí mismo y de su comodidad?. ¿Como, podría vivir el optimismo, ante las más diversas circunstancias, consecuencia de su vida de fe, si fuera pesimista y malhumorado en su convivencia ordinaria? <<No puede mutilarse nada de la esencia ni de las cualidades buenas de la naturaleza humana. Despersonalizarse en aquello que de bueno tiene mujer y hombre - que es mucho -, es lo mas ruinoso que puede hacer un cristiano. Desarrolla tu naturaleza, tu actividad humana, desarróllala hasta el infinito. Todo lo que empequeñece, lo contrae y estrecha, lo que nos ata por el miedo, ¡eso no es cristianismo!. Hay que emplear otra palabra que no sea despersonalización, para designar la total purificación del pecado y de las malas inclinaciones que el hombre o mujer cin la ayuda de Dios, ha de realizar. El Señor nos quiere con una personalidad definida, cada una la suya, resultado del aprecio que tenemos por todo lo que Él nos a dado, y del empeño que nosotros hemos puesto, por cultiuvar estos dones personales. La tierra bien dispuesta - las vistudes naturales -, permite que la semilla divina arraiege, crezca y se desarrolle con facilidad; a impulsos de la gracia y de la personal correspondencia. Y, al mismo tiempo, mejora el terreno en el que cayó la buena simiente cuando crece en él la semilla. La vida cristiana perfecciona las condiciones humanas, al darles una finalidad más alta; - el hombre y la mujer son más humanos cuando más cristianos -. El Señor quiere que practiquemos todas las virtudes naturales: el optimismo, la generosidad, el orden, la reciedumbre, la alegría, la cordialidad, la sinceridad, la veracidad..... En primer lugar, porque debemos imitarle a Él, perfecto Dios, y perfecto hombre. En Él tienen su plenitud todas las virtudes propias de las personas y, siendo Dios, se manifestó profundamente humano. Tanta importancia dió Jesús a las virtudes humanas que llegó a decir a sus discípulos: ''Si no entendeis las cosas de la tierra, ¿cómo entenderéis las celestiales?''. Si en lo humano procuramos ser sencillos, leales, trabajadores, comprensivos, equilibrados....., estaremos imitandoa Cristo, que es también el Modelo en nuestro comportamiento, y nos dispondremos a ser la buena tierra, donde las virtudes sobrenaturales echan con facilidad sus raices. El cristiano en medio del mundo, es como, una ciudad puesta en lo alto de un monte, como la la luz sobre el candelero. Y, lo humano es lo primero que se ve; el ejemplo de personas íntegras, leales, honradas, valientes....., es lo que arrastra. Por eso , las virtudes propias de la persona, - todas las condiciones naturales buenas -, se convierten en instrumento de la gracia para acercar a otro a Dios: el prestígio profesional, la amistad, la sencillez, la cordialidad....., pueden disponer a las almas para oir con atención el mensaje de Cristo. Los hermanaos cristianos, hemos de dar a conocer que Cristo vive, con la alegría habitual, a través de la serenidad en circunstancias quizá difícil y penosas, en el trabajo bien acabado, en la sobriedad, en la templanza; en una amistad siempre abierta a todos. El mundo que nos rodea, está necesitado del testimonio de hombres y mujeres que, llevando a Cristo en su corazón, seamos ejemplares. Quizá nunca se ha hablado tanto de los derechos del hombre y de la mujer, y de los logros humanos, como se está haciendo ahora. Pocas veces la humanidad ha sido tan consciente de sus propias fuerzas. Pero, quizá nunca se han dejado más claremente de lado los valores propios de la persona, que son aquellos que poseen en cuanto a imagen de Dios. De nosotros los hermanos en Cristo, espera el mundo esta enseñanza fundamental: que todos hemos sido llamados a ser hijos de Dios, Y, para alcanzar esta meta, hemos de vivir en primer lugar como hombre y mujeres cabales, desarrolando todos los valores naturales que el Señor nos ha dado. Así, con sencillez mostramos que, para imitar a Cristo, es necesario ser muy humanos, - llevamos camino -, porque la gracia nunca falta, de ser plenamente hijos de Dios. |

