Viernes, 21 Noviembre 2008
 
1177 días informando de manera plural para la región
Aumentar texto Reducir texto Tamaño normal
Portada arrow Opinión arrow ¿Para qué atesorar riquezas, si se pierden en el tiempo?
J.D. Encinas
¿Para qué atesorar riquezas, si se pierden en el tiempo?
JD Encinas   
20 jun 2008 actualizado 13:30 CET :: Leído 121 veces
Hubo un rey que había tenido un sueño que le había producido una extremada inquietud, sin que luego recordara su contenido. Daniel, con la ayuda divina, conoce el sueño, se lo relata al rey, y éste pide al profeta Nabucodonosor que se lo interprete, y le dice: Tú mirabas y estabas viendo una gran estatua. Era muy grande y de un brillo extraordinario... La cabeza era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce; su piernas, de hierro, y sus pies, parte de barro y parte de bronce: Entonces, una piedra, no lanzada por mano de hombre, se desprendió y dio sobre los pies de la estatua, y quedó destrozada. Todo se vino abajo: el oro, la plata, el bronce, el hierro y el barro, se desmenuzaron juntamente, fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento... Nada queda de la estatua.

Tenemos los pies de barro, como la estatua de la que habla Daniel, y además, la experiencia del querer poseer, de la debilidad, de las propias flaquezas espirituales, de no querer acercarse a Cristo, que se entregó por nosotros para redimirnos de nuestras ignominias, está patente en la historia del mundo y en la vida personal de casi todos los hombres y mujeres. Nadie se ve enteramente libre de su pasión por las cosas materiales, y de su debilidad a lo profano: a la corrupción, al sexo por puro sexo, a la violencia, a la falta de apoyo al que más lo necesita...

Cada mujer y cada hombre son como una vasija de barro, que contiene tesoros de valor inapreciables, pero por su misma naturaleza puede romperse con facilidad. La experiencia nos enseña que debemos quitar de nuestras vidas todo aquello que pueda dañarnos interiormente. Es ésta una muestra de sabiduría, porque, puestos en ellas, no hay que fiar donde tantos enemigos nos encontramos, y tanta flaqueza hay en nosotros para poder defendernos.

Debemos cuidarnos muy mucho de nuestras imperfecciones, de nuestras debilidades, de nuestra falta de amor al prójimo, de nuestras faltas de humildad; de nuestra falta de coherencia no podemos ser tan prepotentes y creer que somos tan autosuficientes, que no necesitamos la ayuda de Cristo. ¡No nos equivoquemos de tal manera! El mundo se está paganizando, dividiéndose; nadie conoce al vecino que tiene al lado, todos pasamos de todos, de esta manera cada vez nos estamos distanciando más unos de otros, cuando realmente tenía que ser todo lo contrario; la unidad humaniza y fortalece al ser humano.

Cuantas veces desea el hombre y la mujer desordenadamente alguna cosa, luego pide el sosiego. El soberbio y el avariento nunca están quietos; el pobre y humilde vive en mucha paz, porque son pocas sus pretensiones. El hombre y la mujer mortificados en sí, presto es tentado y vencido de cosas pequeñas y viles. El flaco de espíritu y que aún esta inclinado a lo animal y sensible, con dificultad se pude abstener totalmente de los deseos terrenos. Y cuando se abstiene, recibe muchas veces tristeza; y se enoja sobremanera si alguno le contradice.


 
Aviso LegalPolítica de privacidadCondiciones de copiaEnviar noticiaContacto
PortadaExtremaduraBadajoz al díaMérida al díaCáceres al díaActualidadAsambleaEspecialesOpiniónHemeroteca
Ahora 61 lectores
Licencia Creative Commons    Accesibilidad Nivel A    Noticias en RSS    Comprobar Page Rank