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J.D. Encinas
¡ Amor a la verdad !
J.D. Encinas   
29 jul 2005 actualizado 17:45 CET :: Leído 241 veces
En tiempo de Jesús, la práctica del juramento había caido en el abuso, por su frecuencia, por la ligereza con que se hacía, y por la casuística que se había originado para legitimizar su imcumplimiento.


Jesús sale al paso de ésta costumbre, y con la fórmula ''pero yo os digo'', que emplea con frecuencia, para señalar la autoridad divina de sus palabras, prohíbe poner a Dios como testigo, no sólo por cosas falsas, sino también de aquellos asuntos en los que la palabra del hombre o mujer debe bastar.  Debe ser suficiente decir ¡SI! o ¡NO!.

El Señor quiere realzar y devolver su valor y fuerza a la palabra dada del ser humano de bien, que se siente comprometido, por lo que dice.

Jurar. Es decir, poner a Dios por testigo de algo que se asegura o promete; es lícito, y en ocasiones necesario, cuando se hace con las debidas condiciones y circunstancias. Es entonces, un acto de virtud de la religión y redunda en honor del nombre de Dios.

El juramento grato a Dios, debe ser realizado en verdad, - en juicio y en justicia -, es decir, la afirmación ha de ser verdadera, formulada con prudencia - ni ligera ni temerariamente -, y referida a una cosa o necesidad justa y buena.

Si no lo exige la necesidad, nuestra palabra de cristianos honrados, debe bastar, porque nos han de conocer como personas que buscan en todo la verdad, y que damos un gran valor a la palabra empeñada. En lo que se fundamenta toda lealtad y toda fidelidad:, a Cristo, a nuestros compromisos libremente adquiridos, a la família, a los amigos y a la empresa en la que trabajamos.

En la enseñanza de Cristo, la hipocresía y la falsedad, son vicios muy combatidos; mientras que la veracidad es una de las virtudes más gratas a Nuestro Señor.

Jesucristo mismo es, ''camino, verdad y vida'', por el contrario - el deminio es el padre de la mentira -. Los que queremos seguir a Cristo, hemos de ser honrados y sinceros, despreciando siempre el engaño; basando nuestras relaciones - humanas y divinas - en la veracidad.

La verdad se transmite a través del testimonio, del ejemplo y de la palabra.  Los primeros cristianos, - nosotros ahora -, somos testigos de Cristo delante de un mundo que necesita testimonios vivos. Y, ¿como creerían nuestros amigos y colegas en la doctrina que queremos transmitirles, si nuestra propia vida no estubiera basada en un gran amor a la verdad?.

Los cristianos debemos poder decir, como Jesucristo, que hemos venido al mundo para atestiguar la verdad, en un mundo en que muchos utilizan la mentira y el engaño como herramientas más para escalar puestos, para alcanzar un mayor bienestar material, o evitarse compromisos y sacrificios; o simplemente por cobardía, por falta de virtudes humanas.

El mismo Jesús señaló el amor a la verdad, como una cualidad necesaria en sus discípulos, que lleva consigo, la paz del alma. ''porque la verdad hará libres al hombre y a la mujer''.

Hemos de ser ejemplares, estando dispuesto a construir nuestra vida, nuestra hacienda, nuestra profesión, sobre un gran amor a la verdad.

Debemos amar la verdad y poner empeño en encontrarla, pues en ocasiones está tan oscurecida por el pecado, las pasiones, la sobervia, el materialismo...., que de no amarla de corazón, no sería posible reconocerla..

Al dar nuestra palabra, en cierto modo, nos damos a nosotros mismos, nos comprometemos en lo más íntimo de nuestro ser.

Un verdadero hermano en Cristo, a pesar de sus errores y defectos, -porque todos los tenemos -, ha de ser leal, honesto; ''un  hombre o mujer de palabra'', '' fiel a sus principios cristianos''.

En la Iglesia de los cristianos, nos llamamos fieles, para expresar la condición de miembros del Pueblo de Dios, adquirida por el Bautismo. Pero también, fiel, es la persona que inspira confianza.

En la Sagrada Escritura, el calificativo de fiel, es atribuido a Dios mismo, porque nadie como Él, de modo inminente, es digno de confianza: es siempre fiel a sus promesas; no nos falla jamás.

A los hermanos en Cristo, nos debe bastar decir ¡SI! o ¡NO!. Hombres y mujeres de palabra, leales en el cumplimiento de los pequeños deberes diarios; sin mentiras ni engaños en el ejercicio de nuestra profesión, sencillos y prudentes, huyendo de lo que no es claro:
Honradez sin fisura, diáfana. Si vivimos esta lealtad en lo humano, con la ayuda de la gracia, seremos leales a Cristo. ''quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho''.

¡Que alegría recibimos cuando en medio de una dificultad, llega un amigo y nos dice: ¡PUEDES CONTAR CONMIGO!
 
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