Quien siempre está fuera de casa, enredado en celebraciones que más fiestas tiene el año, difícilmente puede atender menesteres de sus conciudadanos, ni regir hacienda propia más que por lo que le vengan contando, que siempre será interesado, oído o inventado, para provecho de quien lo canta o trompetea, ya sea lo dicho bueno o sea malo.
Donde dije, digo, y donde digo, luego diré. Con salir en el Diario parece que ya está todo solucionado, no cabe duda que sólo son proyectos tintados. Demasiados ministros que gobiernan a la vez, cada cual a su cuidado, unos porque no hacen, otros porque no les dejan hacer, pero unos por otros y la casa por barrer.
Y los de enfrente con la caraja, sin saber a que atender, más porque no saben y aún más por no querer aprender. Alboroto y pataleta al fondo, satisfacción de quien la bronca no va con él. Llamada al orden del maestro: - ¡cállese usted! Y así pasando van los días hasta mejor ver.
Dos años, y Mérida está mal aseada y peor vestida, desorientada y mal defendida. Proyectos de instalaciones próximas que le harán daño si no se retiran. Falta moral y valentía, transparencia, democracia y autocrítica (con enmienda, no sólo palabrería). Y sobra hastío, ignorancia, ignominia, pelotilleros y modistillas.
Repasemos la lección: se sigue tirando de ideas de campaña electoral, ajenas, regaladas en su día sin pedir nada a cambio. Hoy mal paridas, echadas sin ganas, manejadas por quien no sabe qué hacer con ellas, desnutridas y abandonadas. ¡Qué se puede esperar de los que como en clase se abstraen viendo cómo las horas pasan!
Dos años van por delante. Dos quedaron atrás. Cualquiera puede verlos, con diferentes ojos, ya se sabe, según el cristal. Pero quitando el ruido de fondo, las vestiduras, los adornos, y poco más, la vista anima a sentarse y reflexionar.