Paco Martín
01 nov 2009
actualizado 09:40 CET :: Leído 337 veces
Hay ventajas incluso en partir desde mas atrás. La modernidad necesita y mucho de la imaginación. Cada individuo explota sus facultades para demostrar como es e identificarse. Extremadura anclada en un puerto, con la rémora de intentar navegar, tiene recorrido. Es una gran desconocida o clasificada en clichés que nada tienen que ver con su realidad. En un mundo de cambios, en un mundo oscilante, aburrido, desvalido, la tierra extremeña es una tierra de horizontes.
Una tierra de miradas altivas, cuna de ilustres personajes históricos, y dueña de su destino. Por hache o por be empieza a dar pasos para una reivindicación de personalidad incluyente en el conjunto del territorio español democrático. Pequeños detalles como llevar el nuevo estatuto a Madrid consensuado dice mucho de la voluntad de unión. Mientras otros buscan protagonismo, nosotros buscamos realidades. Hacer lo que ahora mas que nunca pide la realidad, como es unidad para encarar el futuro.
El Valle del Jerte no es lo que era. Hasta hace unos años y no tantos se limitaban a recoger la cereza. Había unas iniciales cooperativas que mantenían a muchas familias en el norte de esta tierra colindante con Ávila. Después de reforzar esas agrupaciones, alguien y desde el gobierno regional se percató que el cerezo en flor podría ser un reclamo. La belleza de unos árboles con flores blancas a veces conjuntadas con las nieves de sus montañas se podría sacar provecho. Ahora un cambio candente es que muchas familias han invertido en este turismo primaveral. Sus fuentes de ingresos se complementan con alojamientos para dar cabida a los que años después de los años acuden a este fenómeno natural. La proliferación de casas rurales, alojamientos, e incluso balnearios acogen divisas del resto de España e incluso extranjeros.
Acompañado con una internacionalización mucho mas acuciante del producto. Es simplemente como algunos el turismo de naturaleza. Porque aunque casi todo está inventado, no todo está descubierto. Exportamos nuevas formas, a la estructura turística. Quién acude allí, pasa por otros rincones con encanto. Su difusión impulsada por el gobierno regional, crea una economía cada vez menos dependiente de modas, y trillada y sobre explotada por la clásicas. Monfrague al lado a raíz de su reconocimiento como Parque Nacional también es un punto de referencia. Y así poco a poco, con Las Hurdes, La Vera, El Valle del Ambroz, Cáparra. Plasencia, Trujillo, Cáceres etc... hace un sector que incide cada vez mas en la economía regional. Y sobre todo independientemente de acudir a ferias del sector, funciona el método mas antiguo como es el boca a boca.
Si se sabe cuidar, si se sabe proteger, si se sabe administrar estaremos ante un cambio de la estructura económica. Con la ventaja de no caer en algo de temporada si no constante. Sea cual sea la estación es una oferta de relaciones humanas que dura trescientos sesenta y cinco días al año. Si nosotros crecemos económicamente, arrastraremos y tendremos mas peso a nivel de estado. Cada individuo debe saber que el forma parte también de ese motor. Nuestros valores físicos, deben acarrear y partir de nuestros valores humanos. Nuestras riqueza radica esencialmente de esa forma de ser abierta y campechana que forma parte de nuestra identidad, que nos hace diferente pero no excluyentes. Quizás algunos piensen que todavía estamos en lo últimos puestos de la fila, pero la realidad es que estamos en época y en condiciones ideales para la remontada. Para llegar a una igualdad económica cada vez menos pendiente de los incentivos económicos de Madrid y Bruselas y a punto de alcanzar el equilibrio y salir de una las zonas menos dotada a nivel de recursos financieros. Porque la riqueza se genera, desde dentro no con prestamos desde fuera. El poder mantenernos a nosotros mismos, es cuestión de tiempo. Y eso debería ser un objetivo que no debería condicionar una opción política u otra. Hay que entender ser extremeño es patrimonio de todos.
Hablo de esa clase de turismo, un día donde la tradición hace que muchos jóvenes vayan al campo a asar los "calvotes". Es la convivencia lo que nos hace grandes, debemos volver a las calles. Porque si hablo de esa faceta de ocio, hay otros ya en boga y otros incipientes. Por supuesto la gastronomía es algo imprescindible. Pero también el turismo religioso, respetado el derecho constitucional aconfesional, nuestros monumentos religiosos es un reclamo de ingresos. Asi como el de nuevas energías, este mas didáctico, pero teniéndolo a mano. Mostrar el futuro no como en un parque temático, si no por ejemplo que al entrar por poner uno en Pescueza te encuentres placas solares.
Hemos dejado de ser el fin del mundo, por ser el destino del mundo. Mucho de lo que pase pasa por aquí. Nada que no ocurra nunca ha existido. La vida la dejamos cada día en lo que somos. Mañana podemos ser muerte, hoy somos vida. El que tiene miedo no hace nada, el que aspira respira mira al cielo y sigue como el tiempo adelante sin miedo con brisa.