Martes, 16 Marzo 2010
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Francisco M. Martín
La soga y la droga
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Paco Martín
28 jun 2009 actualizado 13:05 CET :: Leído 416 veces
En cada esquina una flor, en cada flor una lluvia porque a veces estamos a cuestas con la tristeza. Y la esperanza merodeando y nosotros aguantando y esperando. Aguardando en las esquinas, aunque haya también espinas. Y sin poderlo evitar se nos va la vida, y la vida va con lo que es, con lo que somos, y con lo que queremos porque siempre querer es ser.

La finca de la Haza de la Concepción es un lugar de retiro. Enclavada en una tierra dura, con espacio para el Sol, es un símbolo de enfrentarse con los problemas. La oportunidad de quién teniendo opciones, especialmente unos jóvenes no supieron elegir la mas correcta. Siempre he sostenido que en esto de recomenzar siempre se puede empezar de nuevo. Apagar en un momento el ordenador de la vida, y picar la tecla de reiniciar. De saber donde uno se equivocó, e intentar al menos equivocarse a lo mejor de nuevo, pero de otra manera. Sin por supuesto descartar acertar, ....la sombra en donde nace el viento ataca de nuevo.

En el pasado se puede o no estar, pero es dónde estuvimos.

Curioso o a lo mejor una forma de inteligencia. Cambiar el hachis, una heroína miserable, y como posible remedio un detalle. Mientras se corrige se consigue traer una casa de como fuimos los extremeños. Un hogar sin teléfonos, sin televisión, sin apenas nada de lo que tenemos. Pero dónde se rumiaba, donde había miseria, donde había olvido, y hasta miradas al cielo con miedo. Al fondo pululaba el cacique, esa explotación bestial por hombres vestidos de bestias. La dictadura de acatar, de controlar todo menos a todos. De querer la libertad, y tenerla tan lejos y por eso tanto costó volverla a traerla con nosotros.

En un mundo tan sofisticado tendemos al placer de las cosas sencillas. Esas como acariciar las manos, de devolver las miradas a los amigos. Extremadura con hombres y mujeres malos, pero también buenos. Extremadura con hombres y mujeres buenos, pero también buenos. Extremadura con hombres y mujeres buenos pero también malos. Como en el resto con quién colindamos, porque allí también como aquí los hay. La letra no solo entra en la sangre, lo que somos debemos exportarlo. Llamar la atención pero sin molestar con la arrogancia, sin la petulancia, sin creernos superiores a nadie porque en el fondo ellos son extremeños potencialmente universales.

Debemos aspirar incluso el aire, por una sencilla razón para no morir, y seguir. Sin ser tan perfectos de no resolver de una tacada un mundo feliz. Y dejar a quien nos siguen las bases de que ellos tengan la oportunidad y una referencia para el presente suyo, futuro nuestro.

El amor nunca muere y menos mal, ....en las esquinas tampoco.
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