Paco Martín
07 feb 2010
actualizado 10:06 CET :: Leído 174 veces
Quizás pudo ser diferente, igual a lo ya inventado. Quién cree lucha, quién lucha cree y lucha. Quién olvida no lucha, no cree a nadie escucha. Todos estamos patrocinados por la vida que tenemos. Nos ajustamos a sus moldes. Tarde o temprano nos aliamos, con quién satisface un protagonismo. Uno mismo aunque hay que pisar el camino andado lo hace. Creemos que el tiempo nos da, pero es al revés, nos quita vida. Sin preguntar cómo, con múltiples maneras.
El dolor es la herida de la pena. Esa que por dentro arde, que solloza ante la claridad dela dura amargura. El cielo es dia de noche luna llena. El carné de vivir es parecido al de conducir. Aprendes lateoría en el periodo de la incubación intelectual, la práctica siempre es una amenaza. No por ti, sino porque el cuerpo es un hueco en el espacio. Hecho con variantes en los detalles para reparar las identidades visuales. No más percibimos con los sentidos, también con lo que hicimos, fuimos o prometimos.
La realidad se atasca en los primeros planos. Esos en los cuales alguien se arrima por conveniencia o por estima. Nunca hubo una época de la verdad dorada. No podemos negociar ni con una charca. Mientras todavía aspiramos a amos de mares y amores. Infestado de adulterios de no ser fiel con hasta quién por compasión nos miente. Cada vez bailamos menos valses. La misma residencia es el palacio de la suavidad ornamentada. Hace tiempo se cambió el violín y la mirada salida a empujones de nuestras casas. Atropelladas por esas letras, coincidentes de una decadencia latente.
Es como si el trueno hubiera estallado. Aunque alguno viera la nube, nadie se puso a remojo. El cuento de hacerlo por no hacerlo ha desvelado a voces el secreto. Era el dinero, toda la culpa de quién lo reparte y de paso se queda con la mejor parte. Era el dinero ese caramelo nos gustaba y de tanto lamerlo se ha podrido. Y por supuesto nadie sabe como ha sido.
Los lagartos, los osos y las hormigas tienen una economía clara y concisa. Lo sabemos pero no la hacemos caso. Quizás esa sea la razón por la cual sea el hombre el último a llegar como es. Y por supuesto el primero en dejar de serlo.
Necesitamos algo mas que inventar, algo menos de soberbia y que nos sobre justicia para hacer las calles. Un juez estresado es malo, un médico, un cura, un escritor... el resto pertenece a los múltiplos; cuánto más mejor. Metimos la avaricia entre las ganas y la intención. mejor sacarla antes de que la cremallera la guillotine. Con un poco de vergüenza ajena y falso orgullo propio.