La consejera de Sanidad y Dependencia de la junta de Extremadura, María José Mejuto, y el subdirector de Salud Mental del Servicio Extremeño de Salud (SES), Miguel Simón, presentaron hoy una campaña de concienciación sobre la enfermedad mental dirigida a los medios de comunicación, que incluye la creación de una página web informativa y la entrega de una guía de estilo.
El principal objetivo de esta iniciativa, según la consejera y el subdirector, es sensibilizar y concienciar a los medios de comunicación de la importancia de dar un tratamiento informativo “positivo y objetivo” de la imagen real de las personas con enfermedades mentales.
A este hecho han contribuido noticias sesgadas y desinformaciones que algunos medios de comunicación han publicado, además de películas como “Hannibal” o “Psicosis”, y que han colocado a estos enfermos una serie de etiquetas equivocadas, tales como peligroso, violento, débil, incurable, antisocial, extraño e imprevisible, entre otros muchos calificativos.
Enfermedad mentalUna enfermedad mental es una alteración de tipo emocional, cognitivo y del comportamiento que afecta a procesos psicológicos básicos como son la emoción, la cognición, la conciencia, la conducta, la percepción, la sensación, el aprendizaje o el lenguaje, lo que dificulta a la persona su adaptación al entorno cultural y social en el que vive y crea alguna forma de malestar subjetivo.
Creencias y mitos La imagen “real” de los enfermos mentales no se corresponde con las creencias y mitos que tiene la gente de la calle, que considera que estos pacientes padecen una patología incurable, que no pueden llegar a tener una vida social normal, que deben estar recluidos en centros mentales, que se trata de una enfermedad contagiosa, que tienen la culpa de lo que les pasa por debilidad y pasividad, que son discapacitados, peligrosos, extraños, violentos e imprevisibles, que los tratamientos “ponen candados” a la creatividad y que la psicoterapia es ineficaz.Se trata de leyendas urbanas que hay que empezar a desterrar porque influyen negativamente sobre estos enfermos, ya que facilitan su discriminación y exclusión social.
Lo realmente cierto es que la idea de que la enfermedad mental está directamente relacionada con la violencia no tiene fundamento científico, y además, las patologías que afectan a la psiqué pueden curarse o controlarse con la administración de un tratamiento adecuado, donde el apoyo psicoterapéutico es muy importante, a la vez que la familia es también un elemento clave.
En cuanto a si una persona con una enfermedad mental puede llevar una vida normalizada, la respuesta es que sí, ya que con el adecuado tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, junto a intervenciones de rehabilitación e inserción, una persona deja de tener las limitaciones que le supone la enfermedad, con lo que tiene las mismas capacidades para trabajar, cuidar niños y desempeñar todas aquellas actividades y tareas que lleva a cabo la sociedad en general.
Trastornos más frecuentesEn la cuestión de las cifras, durante la jornada de hoy los medios de comunicación pudieron conocer algunos porcentajes y baremos, tales como que en España hay más de 250.000 personas que padecen un trastorno mental grave, una de cada cinco personas precisará asistencia médica a lo largo de su vida por algún tipo de estas patologías y que en España se producen entre tres y siete suicidios por cada mil habitantes a causa de enfermedades mentales.
Hay que evitarLos medios de comunicación deben evitar en sus noticias el uso de términos ofensivos, inexactos y anticuados que perpetúan la ignorancia y conducen al estigma, términos que enfatizan la parte negativa y condiciones severas. Titulares alarmantes o morbosos, mencionar los problemas de salud mental si no son de total relevancia para la comprensión de la noticia, e imágenes que transmitan aislamiento social, improductividad o que despierten compasión o rechazo.
También deben evitar el uso de términos de ámbito médico como adjetivos en otros contextos, omitir información o proporcionar información sesgada que perpetúe falsos vínculos entre enfermedad mental y conductas violentas o ilegales, e infravalorar las reclamaciones de los derechos de los afectados o usar el poder de los medios para mantener y perpetuar concepciones erróneas en la población.