El imaginario popular, motivado esta vez por la más profunda de las indignaciones, rompía el silencio y el ambiente se inundaba de sonoros clamores. Cánticos como "Si son tan buenas que las pongan en Madrid" o "esta industria guarra al patio de Vara", " Extremadura es una disctadura", se repetían contundentes pero pacíficos.
Sin embargo, el ambiente de protesta festiva que proponían los portavoces de la Plataforma Ciudadana Refinería No se quedó en agua de borraja. Varios efectivos antidisturbios, de Madrid y Sevilla, empujaron a los manifestantes tras unas vallas habilitadas para contener a la multitud.
Patadas, banderas tiradas en el suelo, empujones... Una represión que los manifestantes catalogaron de "excesiva" y que rápidamente asociaron a aquellos tiempos en los que España no vivía en democracia. Un habitante de Villafranca, bastante caldeado por lo que acontecía, mostraba a los periodistas su pierna golpeada mientras aseguraba que "si antes teníamos un Franco, ahora tenemos un Hitler".
Una mujer mayor, que prefirió guardar su nombre, se quejaba del modo "brusco" con el que los policías le habían apretado el brazo para meterla tras la barrera. "Ni siquiera mostraron respeto por los niños", repetían otras personas. Más de una afirmaba haberse llevado una "patada".
Miguel y Miguel Ángel, no sólo tienen el mismo nombre, también comparten lugar de nacimiento, ambos son de Villafranca; y, coincidencialmente, son además agricultores. Hablando para este diario digital, estos vecinos mostraban su cara más triste.
Los dos barajan, con los ojos inundados por la nostalgia, la posibilidad de abandonar su tierra si colocan allí la refinería: "tenemos miedo del cáncer", repitieron, mientras mentalmente sopesaban ese miedo con el que les provoca la "pérdida de sus raíces" y la lejanía del suelo que los vio nacer.
Francisco Folguera, el que fuera candidato por Los Verdes a la alcaldía de Mérida, también estuvo allí, acompañado por su familia, incluidos sus dos pequeños hijos, niños que junto al resto de los que viven en estas tierras "amenazadas" por esos proyectos "que no son rentables" representan el "futuro de Extremadura".
El portavoz de PCRN, Reyes González, que logró permanecer un tiempo fuera de la valla, aunque la policía ya le había advertido que "vistiendo esa camiseta no podía pasear por ahí", dirigió otra vez un mensaje informativo a la sociedad extremeña. Él está convencido que el desarrollo de Extremadura, "una tierra que tiene excedentes energéticos", no pasa precisamente por la construcción ni de la refinería ni de las térmicas.El concepto de desarrollo sostenible está bastante claro para quienes ven peligrar el futuro de su salud y el de sus actividades económicas de siempre. E igualmente claro está también para ellos el "desprecio" y "olvido" que sufren por parte de muchos medios de comunicación, cuya presencia reclamaban a viva voz.
SALDO
La otra cara de la celebración ''alternativa'' del Día de Extremadura a las puertas del Teatro Romano de Mérida no fue tan alegre como la vivida en el interior del emblemático teatro, donde el medio millar de personas que se manifestaban por la instalación de industrias contaminantes en la región y por el cierre de la Central Nuclear de Almaraz, fueron contenidos, tras unas vallas, en una zona habilitada para la protesta, con gran contundencia e hizo caer a algunas personas, una de las cuales, tuvo que ser evacuada al Hospital en una unidad del servicio 112.
Este nerviosismo se pudo constatar, con la detención de un profesor de enseñanza, Luis Leza, portavoz de Refineria, quien se negó, ante los requerimientos policiales, a abandonar el lugar donde se encontraba, fuera de la concentración. Fue llevado a Comisaría y posteriormente puesto en libertad.
"No es de recibo que se peguen patadas a los ciudadanos", cuando la protesta es pacífica, señaló González a los periodistas, y consideró una provocación esta actitud y que se les haya colocado detrás de unas vallas.