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Entrevistas
Leonor Copado: "Me quedo con la experiencia de muchos voluntarios que me han sorprendido y me han edificado por la forma tan generosa con la que colaboran"
Carmen Paredes / Madrid. fotografía: Jorge Armestar   
18 nov 2007 actualizado 00:00 CET :: Leído 587 veces
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La Hermana Leonor Copado Revaliente nació en Hinojosa del Duque (Córdoba) en el seno de una familia católica, pero sería su maestra doña María Flores la que influyó definitivamente en ella. Muy joven decidió que quería dedicar su vida a la religión y a los demás. Así, con 26 años, licenciada ya en Educación Especial, se encontraba de misionera en Latino América, donde estuvo en Puerto Rico y la República Dominicana.

Y el 28 de febrero de 2000 fue nombrada directora del Centro Padre Cristóbal de Mérida, puesto que ha ocupado hasta que en septiembre pasó a desempañar el cargo de Superiora General de la congregación de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, con lo que dejó Mérida y se trasladó a Madrid.

ead.- ¿Qué supone para usted este nombramiento?

LC.- Por una parte, algo muy grande. Pienso que me supera un poquito, porque encuentro que es mucho para mí. Pero por otra parte lo veo como una oportunidad de crecer y de hacer un servicio a la congregación.
No creo que se me suba a la cabeza''
También me llena de orgullo y satisfacción el hecho de que hayan pensado en mí porque ven que realmente puedo realizar este servicio. No creo que se me suba a la cabeza. Eso es algo que uno tiene que eliminar porque no es propio de nosotros y aunque humanamente es así la verdad es que no lo quiesiera.

Ead.- Pero es bastante distinto a la que ha venido realizando hasta ahora.

LC.- Exactamente. Me rompe una trayectoria que venía realizando con una problemática muy concreta como es la de las personas sin hogar y esto me aleja un poco de esa realidad concreta, de estar cerca de las personas que lo necesitan.

Sin embargo, este trabajo no te desconecta porque yo tengo que organizar un poco el de todas las hermanas de la congregación y de esa manera estoy en relación. No me puedo dedicar directamente y en ese aspecto sí que me resta o me aleja del contacto directo con esa realidad.

En eso sí sé que lo voy a sentir porque Mérida ha sido una experiencia muy rica y bonita. Aunque ha sido el trabajo de los transeúntes, que es trabajar con lo más deprimido de la sociedad, a la vez te llena de otras cosas.

Ead.- Y después de estos siete años y medio en Mérida, ¿cuál cree que es el legado que ha dejado allí?

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LC.- No sé. Yo creo que he hecho lo que tenía que hacer en ese momento. He puesto mucho interés y mucho entusiasmo en lo que he realizado; hemos tratado de ir puliendo las necesidades de las personas sin hogar pero yo sé que queda mucho por hacer y que hay muchas necesidades que cubrir. Allí he dejado una familia trabajadora, con voluntarios, con gente colaboradora, ...

Ead.- ¿Algún mal recuerdo de allí?

LC.- Los malos recuerdos han sido muy puntuales y yo no los recuerdo como malos recuerdos sino como dificultades, tanto el aspecto de la economía sobretodo mucha precariedad para solucionar las situaciones y eso sí, a veces, nos ha limitado mucho y nos ha creado mucha angustia o también temporadas de invierno en los que hemos estado saturado y no hemos podido atender ciertas necesidades.

Está muy de moda la ONG y también hay que mirar de qué tipo es, porque a veces no todas dan un servicio de calidad''

Pero he encontrado mucho apoyo en la gente de Mérida en cuanto yo he mostrado pues necesidad con necesidades concretas del centro y me he encontrado con la respuesta de la gente.

Ead.- Sí, pero ahora la gente siempre se excusa diciendo que no tengo tiempo para ayudar a los demás, ni para implicarse, pero ¿es una excusa?

LC.- Pienso que sí. Todo el mundo puede ayudar. Es cierto que no es lo mismo una persona que está jubilada que tienen más tiempo que a lo mejor que un joven que está estudiando o un ama de casa que tiene un compromiso con ella. Pero en la medida que uno se organiza y desea realizar ese servicio puede hacerlo, ya que se puede ayudar de muchas maneras.

Ead.- Puede que dependa de cómo es cada uno o de como lo han educado y no simplemente de que tengan tiempo o no lo tengan.

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LC.- Ahí hay un montón de factores: influye la educación, la capacidad de las personas, la forma de ser,... y los valores de la familia pienso que tienen que ser muy importantes. Esta sociedad está reclamandolo y tendrá que recobrar eso: la madre trabaja, los niños están solos y hay un montón de deficiencias en el hogar que al final el joven lo está pagando.

Ead.- Quizás es porque la sociedad es cada vez más egoísta e individualista.

Lc.- El mismo ritmo de vida que llevamos nos lleva a no preocuparnos de los otros, a luchar por conseguir un trabajo estable y cada día mejor. Hay mucha gente buena, solidaria y sensible''Y la gente joven también está en ese ritmo, sé que no todos, porque hay algunos que son muy tranquilos y sensatos y saben dar a cada cosa la importancia que tiene pero hay otros que, no sé si por falta de capacidad o porque no quieren que no son así.

Ead.- ¿Qué le diría, por tanto, a todas aquellas personas que quieren ayudar y no saben por dónde empezar?

LC.- Que se acerquen a instituciones o a ONG's porque hay muchísimas instituciones. Hoy en día está muy de moda la ONG y también hay que mirar de qué tipo es porque a veces no todas dan un servicio de calidad, pero hay muchas que sí, que son buenas y que dan la oportunidad de ayudar a las personas. Y luego están las instituciones tanto gubernamentales como no gubernamentales en las que se puede ofrecer un servicio.

Ead.- ¿Qué es lo que más agradecen esas personas a las que se está ayudando, por ejemplo, en el centro de transeúntes?

LC.- Agradecen mucho la cercanía y el que los tomes en cuenta, que los trates como personas. Muchos nos han dicho que se sienten muy bien cuando ellos llegan al centro y son llamados por sus nombres. Me alegra mucho que cuando se van y están lejos del centro nos llamen, nos recuerden y nos agradezcan la atención que hemos tenido con ellos. También nos lo han dicho muchas veces que esos salen de allí teniendo la sensación que alguien se preocupa por ellos y eso es muy importante.

Ead.- ¿Qué se puede decir realmente a una persona que lo ha perdido todo para que recupere las esperanzas?

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LC.- No sé... la verdad es que es fuerte. Yo no me he encontrado realmente con esa realidad de cerca, pero.... yo pienso que hay que acompañarlos y empezar por ir buscando solución a esos problemas más básicos.

Lo que llama la atención en estos pueblos es que la fe de estas personas les ayuda a coger otra vez fuerzas y a tener esperanzas en seguir viviendo y en seguir confiando en que van a tener alguien que les va a ayudar. La realidad está ahí y no es fácil asumirla, pero si tú tienes esa fe y esa confianza en Dios eso te va a dar fuerza para afrontar esa situación y a salir para adelante.

Ead.- Pero ¿entendería que esas personas perdieran su fe?

LC.- Pues sí, lo entiendo. Yo comprendo que esas personas en esa situación igual que en una familia cuando te viene una enfermedad, te viene un cáncer,... pues comprendo que la persona se venga abajo y pierda la fe, pierda la esperanza y lo pierda todo porque humanamente es así: son situaciones muy fuertes y te derrumbas.

Ead.- ¿Con qué experiencia se queda que más ha influido en su vida?

LC.- Yo tengo muchas experiencias, no una concreta. Me quedo con la experiencia de muchos voluntarios que me han sorprendido y me han edificado por la forma tan generosa con la que colaboran. Y también me ha edificiado lo de los transeúntes porque en esa situación de precariedad, de estar moviéndose de un sitio a otro y de no tener nada se muestren positivos, muestren la alegría de seguir viviendo,... y a mí todo eso me ha edificado porque digo: "¿yo en su lugar cómo sería?", "¿tendría yo la aptitud que tienen ellos de tolerancia, de aceptación, de humildad para recibir lo que me dan?" Me alegra mucho que cuando se van y están lejos del centro nos llamen, nos recuerden y nos agradezcan la atención que hemos tenido con ellos''Y también son motivos para dar gracias a Dios continuamente porque dices soy afortunada: tengo familia, tengo capacidad, tengo una comunidad religiosa que me apoya, tengo amigos,... y tengo que dar muchas gracias a Dios.

Cuando no tienes las cosas en abundancia es cuando más valoras eso que tienes y todas experiencias a mí sí que me han enriquecido mucho. Y también considero que soy dichosa porque cuando no tienes esas experiencias, pues no las tienes, pero cuando las has tenido dices "yo las he vivido y sé lo que es", y todo eso son riquezas.

Ead.- Sin embargo, habrá tenido que sacrificar muchas cosas a la vez para dedicarse a los demás y tener esas experiencias.

LC.- Sí, pero bueno, pensando en las misiones, sacrificas tu familia y alejarte de tu país y sí te cuesta, porque todos somos humanos pero después es tan gratificante que das por bien hecho y por bien perdido lo que pierdes. Renuncias y dejas unas cosas, pero después la vida te va dando otras satisfacciones que merecen la pena''Es como el hecho de ser religiosa, renuncias y dejas unas cosas, pero después la vida te va dando otras satisfacciones que merecen la pena.

Ead.- Y ¿qué le queda ahora por hacer?

LC.- Me queda mucho. Estoy empezando este servicio que para mí es nuevo; me quedan seis años, y en esos se pueden hacer muchas cosas. Como proyecto así pues ... no tengo nada así en concreto porque todavía estamos trabajando, pero mantener activa todas las misiones que tiene la congregación en las diferentes ciudades y en los diferentes pueblos y mantener activo el talente de las hermanas para que el espíritu de nuestro fundador, que fue un espíritu de acogida y de servicio de una forma sencilla y humilde, se mantenga.

Ead.- ¿Cuál cree que es el mayor defecto de la sociedad actual?

LC.- No me atrevería a decirlo, porque eso sería los expertos, los sociólogos,... pero la sociedad de hoy lo que denota es el materialismo que está dominando al ser humano que le hace ser egoísta y ser duro, aunque luego la sociedad hoy día responde cuando hay catástrofes y hay cosas normalmente es solidario.

Ead.- Pero parece ser que hay que esperar a que haya grandes catástrofes y tragedias para la gente se solidarice.

LC.- Pues sí, desgraciadamente es así. Respondemos mejor a esas cosas que a lo mejor a las necesidades que tenemos al lado. El mismo ritmo de vida que llevamos nos lleva a no preocuparnos de los otros''

Ead.- Y también la gente suele ser más solidario con los países del Tercer Mundo que con lo que hay en su propio país; es como miro hacia otro lado porque no me quiero dar cuanta de que en España pasa.

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LC.- Sí, es la realidad de los transeúntes. A lo mejor están en medio de una comunidad y nadie se preocupa de ellos. Pero también hay mucha gente buena, solidaria y sensible. lo que pasa que siempre se oye lo negativo y no las cosas buenas.

En el fondo del ser humano hay algo de bondad porque tiene algo de Dios por ser su obra y esa bondad a lo mejor la tenemos muy enterrada y no la dejamos salir pero hay algo de bueno en el ser humano.

 

 


 
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