No
solo es la pena por la inútil muerte de unos indefensos animales cuyo
único pecado fue buscar el cobijo seguro de unas ruinas romanas bajo la
piel de una vieja ciudad que alguna vez soñó con ser de nuevo su
pasado. Ha sido en mayor medida la indignación por intuir que apenas
cambian los comportamientos en este reseco solar de guerras y venganzas
primitivas.
La
cultura cristiana, avalada por dos mil años de historia, y basada
en el amor es mucha cultura para los hombres mediocres, los pequeños.
Al paso que van, tras su pretensión de terminar con el matrimonio, la
enseñanza, la familia y todo lo que se les ponga por delante,
terminarán regresando a la Edad de la Piedra.
La
fe cristiana ha creado una cultura inmensa. Miremos a donde miremos
veremos un mundo lleno de cruces, catedrales, música , pintura,
escultura, ornamentos, arquitectura, poesía, literatura,… entre
las más excelsas de todos los tiempos.
Tras
la ardua labor de investigación llevada a cabo por este periódico, y,
en concreto, por nuestro compañero José Luis Fernández, hemos podido
desvelar el misterio de lo que ha sucedido con los aproximadamente 40
mininos que vivían en las ruinas bajo el edificio de las consejerías de
Morerías.
Le
gusta pasear y hacer footing por las calles y plazas de la villa que
ahora le acoge en su seno, la fluvial y fronteriza Badajoz, pero nació
en la “ciudad de la cordialidad”, la vitícola Almendralejo, de donde
obtuvo su espíritu emprendedor y su capacidad de entusiasmo. Ha pasado
por Bélgica, donde conoció a Rainer Maria Rilke y se quedó enamorado de
sus “Poemas Franceses”.