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Cartas al director
La religión como mecanismo de autoaniquilación de la especie humana
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J. Agustín Franco Martínez. Zaragoza
16 abr 2009 actualizado 18:08 CET :: Leído 393 veces
La religión surge de la condición del ser humano que huye de su ser animal, de su ser depredador. Y tras ella volverá más plenamente consciente de su naturaleza. Podemos comprobarlo en el laicismo de las sociedades occidentales donde el capitalismo refuerza el mecanismo de selección natural, donde tras siglos de cristianismo ha triunfado la condición predatoria del ser humano, confirmándose a través de "eficientes" relaciones económicas de mercado. Si algo distingue al animal humano de otros animales es su complejo mecanismo biológico de supervivencia, sustentado en la religión, en las creencias.

La religión proporciona al depredador una escapada de sus instintos asesinos, y así pasa a convertirse en presa. ¿Qué otra especie podría crear un entorno aún más salvaje y peligroso que una selva? ¿Qué otra especie viviría en ciudades?

El depredador que huye de su condición asesina se refugia en la religión para asumir la condición de la presa, y así se compromete a dar su vida por otras personas, se compromete en la promoción de los más pobres. Pero incluso comportándose como presa no deja de ser depredador, sólo que ahora es un depredador insumiso. Y así cumple su objetivo predatorio: anular la capacidad de autonomía de las presas. Baste analizar el efecto perverso de las ONGs y asociaciones de voluntariado.

Y si el predador insumiso consigue sobrevivir, se convierte en soñador, artista, teólogo, se convierte en presa huida, en depredador insumiso huido. Y en su éxodo volverá a cumplir su objetivo predatorio. Y si muere acabará siendo carroña, alimento para otros, y habrá vuelto a cumplir su objetivo predatorio. Y en cierta medida seguirá vivo, resucitará como un pájaro mítico, será en realidad un depredador insumiso huido desaparecido, caballo de Troya, que sigilosamente se acerca a su presa.

Y como pájaro mítico desplegará su ataque final pese a las fuerzas internas que le impulsan ilusoriamente a ir contra su destino. Y así el pájaro se vende como esperanza, como futuro, como ejemplo a seguir, se niega aún a asumir su condición predatoria. Cuando se canse de explorar y reflexionar sobre la muerte, porque es mortal, no es eterno, bajará en picado para inocular su gen predatorio. El predador insumiso huido desaparecido y resucitado volverá siendo un predador más plenamente consciente de su poder, para asestar el zarpazo definitivo.

Los místicos, los pájaros por antonomasia, van a la caza de sí mismos, pero todo es vana ilusión. Y cuanto más lejos y más alto vaya en esta estrategia de negación de su naturaleza predatoria más reunirá las condiciones para ser un líder religioso. Así se forja y se reproduce la religión.

¿Cuál sería la función social de la religión?, ¿cuál sería el único "beneficio" personal? El poder de renunciar a la propia capacidad destructiva, reconocerse predador y negarse a actuar como tal. El verdadero ser trascendente está por encima de las creencias y las religiones, es un ser libre.

Parece paradójico, pero los místicos refuerzan el instinto colectivo de autoaniquilación de la especie. Cada época tiene sus místicos, sus maestros de la supervivencia. Pero en todas las épocas han existido los místicos por antonomasia, los pobres. La función biológica de la mística es controlar el mecanismo de autoaniquilación anulando y eliminando a los individuos menos aptos, sometiendo a los capaces y excluyendo a los incapaces.

La religión sirve para organizar la supervivencia de una especie destinada a la autoextinción. La religión sirve para fortalecer la conciencia colectiva de especie predatoria autoextinguible. ¿Cuándo la superaremos colectiva y comunitariamente?

J. Agustín Franco Martínez. Profesor universitario. Zaragoza

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