Para mí es difícil, sin embargo, tomar la decisión de como acudir esta celebración, si junto a otros votantes y simpatizantes del Partido Socialista en la fiesta organizada para recibir al presidente al que he votado, o junto a la gentes de Plataforma Refinería No, Plataforma Térmicas No, Plataforma Cerrar Almaraz y otras entidades del tejido asociativo extremeño, que han convocado un acto reivindicativo en ese mismo día y lugar.
De hecho, si los previsibles cordones policiales lo permiten, trataré de estar un rato en cada convocatoria. Tengo muchas ganas de dar la bienvenida a mi tierra a José Luís Rodríguez Zapatero, y tener la oportunidad de expresarle, con mi afecto y aplauso, mi respaldo al coraje y la decencia que han abierto camino a medidas como la retirada de nuestras tropas de Iraq, la igualdad de derechos de las distintas formas de familia, la Ley de Dependencia, la Ley de Memoria Histórica, el intento de conseguir la paz por el diálogo en Euskadi o la profundización en el carácter plural y diverso de nuestro Estado. Pero también es muy importante que nuestro presidente pueda oir, en su visita a Alange, la voz alta y clara del importante sector de la sociedad civil extremeña que demanda un cambio de rumbo en la políticas medioambientales en nuestra tierra, del pedazo grande y creciente de este pueblo que dice que ni la refinería petrolera en Tierra de Barros, ni el complejo turístico en Isla de Valdecañas, ni la ampliación del plazo de explotación de la central nuclear de Almaraz, ni alguna que otra barrabasada medioambiental más, tienen lugar en el paisaje de nuestro futuro.
De hecho, puestos a imaginar, me gustaría que esos cordones policiales no fueran necesarios y que, de una vez por todas, se diese comienzo, en Alange y en toda nuestra tierra, al diálogo que contribuyese a suturar la herida abierta en la familia de la izquierda extremeña que supone esta errática y equivocada política medioambiental de nuestro gobierno regional.
Porque los que, a uno y otro lado del cordón policial, nos encontraremos el domingo en Alange, estamos condenados a entendernos.
"El cambio climático es, pues, un hecho incuestionable. Un hecho corroborado por el mundo científico, producto sustancialmente de la acción humana [...]. Sin embargo, no basta la definición de objetivos y la expresión de compromisos [...]. No podemos confiar en que, sin acción, el deterioro se pueda detener, ni podemos ser inconscientes con nosotros mismos y egoístas e insolidarios con las generaciones futuras. Debemos convertirnos en aliados del cambio que viene exigido por la transformación del modelo. Tenemos que impulsar y aprovechar la creciente conciencia y movilización mundiales ante esta amenaza. Si nos aliamos con el cambio, tenemos la oportunidad de modificar algunos elementos hasta ahora esenciales de nuestro modelo productivo que han mostrado ya los límites de su continuidad, y que son a la larga incompatibles con la sostenibilidad. Luchar contra el cambio climático requiere determinación, perseverancia, esfuerzos y recursos. Acción pública, implicación empresarial y movilización ciudadana".
No extraigo estas líneas de ningún documento científico ni manifiesto ecologista, sino de la ponencia-marco del 37 Congreso del PSOE a celebrar en breves fechas [puede consultarse en http://37congreso.psoe.es/ponencia.pdf]. Como ciudadano de esta tierra, voy a manifestarme este domingo porque esa maldita refinería no se construya jamás y porque esa maldita central nuclear sea cerrada de una vez, para siempre y cuanto antes. Y también, como votante socialista, voy a manifestarme en defensa de cada palabra, punto y coma del texto citado, y para recordarles a mis representantes (una vez más, y las que hagan falta) que la transparencia informativa, el rigor científico y el debate sin cortapisas son principios indispensables de una política genuinamente democrática y socialista, y que ante estos imperativos la política medioambiental de la Junta de Extremadura no está dando la talla (arrastrando además en su falta, incomprensiblemente y por desgracia, al gobierno central y al mismo presidente Zapatero, que, muy por contra, deberían estar poniendo coto a los injustificables despropósitos medioambientales insensata y negligentemente apadrinados desde las instituciones regionales).
Ya no hay ningún lugar, intelectual, moral ni político, para un socialismo medioambientalmente irresponsable. La izquierda es sostenibilidad, o no es izquierda. Como la repugnancia a la guerra, la igualdad radical entre hombres y mujeres o el imperativo de la solidaridad como fundamento de la convivencia social, el respeto a nuestro medio natural y la responsabilidad ante las generaciones que nos sucederán son el fruto esenciado de nuestra tradición y las tonalidades compartidas imprescindibles de la(s) izquierda(s) del futuro, el cimiento en común de cuanto merece y merecerá reivindicarse como izquierda. No un punto en el que enfrentarnos, sino un punto en el que converger y desde el que caminar juntos. Una paradoja, la del crecimiento económico y el empleo, por un lado, y la sostenibilidad medioambiental, por el otro, que tendremos que resolver para descubrir qué izquierda somos y qué otro mundo posible pretendemos construir.
El presidente Zapatero ha demostrado en reiteradas ocasiones ser un gobernante dispuesto a escuchar a todos con atención y respeto. Ojala también pueda escuchar en Alange, aún desde lejos, las voces de muchos extremeños gritando que refinería no, que térmicas tampoco, que hay que cerrar ya Almaraz, que Valdecañas no se toca. Y las de quienes, entre ellos, le hemos votado por unos principios y por un programa medioambientales que también están para ser cumplidos en esta, nuestra tierra.
Jónatham F. Moriche, 23 de mayo de 2008