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En los últimos años del Festival de Teatro Clásico de Mérida, estamos asistiendo a la representaciones de obras que son adaptaciones moderna de una temática clásica, la maravillosa escena a veces se oculta, y no podemos disfrutar de la acústica estupenda por la incorporación, como en "Yo, Claudio", de una microfonía. Solamente nos queda la incomodidad de las Caveas, eso sí magníficamente organizadas. Quizá algo está cambiando en el Festival, pero, ¿eso es lo queremos todos? |