J. Agustín Franco Martínez. Badajoz
01 feb 2010
En esta sociedad de raíces cristianas, silenciosamente apóstata, se ha vuelto extraño e incluso herético el amor auténtico, sinónimo de fraternidad, de lucha por la justicia social, de bienes compartidos, de identidad y compromiso con los últimos. Así, lo que en origen fue complementario, inseparable, idéntico incluso, se ha vuelto oxímoron. Al contrario ocurre con otras parejas de palabras, por ejemplo, "desarrollo sostenible".