Antonio Vélez Sánchez. Ex-alcalde de Mérida
Este mes de Agosto,entre la dispersión de la sociedad en busca de mejores paraisos veraniegos,se ha marchado,sin apenas ruido,Guadalupe Alonso Pozo.
Muchos no pudimos estar con los suyos en ese momento terrible en el que se agolpan los recuerdos y los reproches por quienes quizás quisieron dedicarle mas tiempo cuando aun era una realidad por nuestras calles y foros.Pero eso,en descarga emocional para quienes pudieran sentirse oprimidos por ese sentimiento,suele pasar siempre. Y es que cuando se marchan nuestros seres queridos nos reprochamos muchas cosas,especialmente el no haberles entregado mas momentos de cercania.Tal dimensión tiene el vacio que nos producen las ausencias.Siempre ocurrirá así,siempre.
Guadalupe fue Concejala de la primera Corporación democratica,en aquellos años en los que todo era mucho mas dificil. Abriamos un camino,tras tantos años de tutela.Caminabamos solos. Habia muchas carencias y poquisimos recursos.Las ilusiones, las esperanzas, los sueños, eran muchisimo mas voluminosos que los medios. Guadalupe estaba allí y nos animaba, nos insuflaba optimismo – el que ella tenia – para capotear las adversidades y tambien las frustraciones. Y así cuando pavimentabamos una calle, en autogestión con los vecinos, ella estaba allí para darnos fuerzas.
Que habia que imponer las impopulares contribuciones especiales para urbanizar el centro o para enterrar tuberias,ella nos trasladaba su opinión como mujer del pueblo que sabia sobradamente de economias de base,teniendo que tirar con esfuerzo,casi en solitario,de su numerosa y excepcional prole. Así encontrabamos la fuerza en su sentido comun y nosotros inconscientemente veiamos en ella casi el papel de una madre. Tal era su naturaleza entre aquel colectivo humano que consideraba a Guadalupe algo especial, hasta el punto de tener el respeto de quienes no gobernaban entre aquella edilicia tan especial (quiero decir al ritmo de mis recuerdos que en aquella Corporación tan escasa de mujeres, un embarazo de Julita Ferreira, como ejemplo de aquel clima, lo llevamos un poco entre todos, con el mismo cariño que, igualmente, todos trataban a Guadalupe Alonso).
Los recuerdos se agolpan y discurren con la nitidez de una pelicula en la que Guadalupe – mujer fuerte,arrolladora, ilusionada con los nuevos tiempos – contagiaba su carácter decidido,siempre con un sentido positivo de las cosas. La recuerdo una vez en un Pleno, en el que reivindicabamos unanimemente la reposición de la dignidad eclesistica Metropolitana Emeritense, cuando por derecho y sin cortarse para nada, pidió que el primer Arzobispo de la Archidiocesis, con la que ya ilusamente contabamos, fuera el Canonigo Aquilino Camacho, que para eso era de la Comarca de Mérida. Y posiblemente tenia razón, pues sin duda la persona en cuestión tenia toda la altura intelectual`para serlo.
La lucha de las mujeres por avanzar en sus derechos tuvo en Guadalupe una pionera excepcional y de hecho peleó animosa y altruistamente por ellos. No era facil comprender entonces muchas cosas después de la larga dictadura,como no era facil que una mujer decidiera caminar en politica activa. No era la cosa oficio sino compromiso altruista y desprendido. Mas bien costaba dinero ese noble ejercicio. Ella,en esas condiciones tan primarias y sin recursos,peleó por lo que creia era necesario, sabiendo que era ese su compromiso ineludible.Y cumplió con ese eslabón de la cadena que entonces se iba forjando para que otras-otros después siguieran haciendola mas fuerte.
Guadalupe ha partido al infinito y aquí nos ha quedado con su recuerdo. Ella camina con su humanidad, entre poderosa y tierna a la vez, buscando horizontes nuevos en los que poder rendir algun servicio entre la generosidad y la filantropia.Y exigirá que se le den trabajos ahora que puede hacerlos.Porque allí,en ese lugar confuso entre la luz y el ocaso,ella aun seguirá manteniendo viva, como una niña, su ingenua capacidad de sorpresa.