Así de claro, duele hasta decirlo pero en Extremadura hay censura. El último botón de muestra ha sido una entrevista que se me realizó para una gaceta educativa. A una pregunta sobre la educación ambiental y los problemas del cambio climático me atreví a escribir que "…El cambio climático es algo demasiado serio: los científicos y los medios de comunicación de todo el mundo nos alertan sobre sus peligros y nos exigen que actuemos pronto, aunque en Extremadura algunos vayan en sentido contrario, intentando colocar industrias muy contaminantes: una refinería y varias centrales térmicas que emitirían millones de toneladas de CO2 y otros gases peligrosos, agravando el calentamiento del planeta."
Toda la entrevista cita textualmente mis palabras pero en esta respuesta han quitado la referencia a Extremadura, a la refinería y a las térmicas. Claro que la gaceta, como bien me recordaron desde su equipo de redacción, es editada por la Junta de Extremadura, impulsora de los proyectos y que financia con dinero público una planta petroquímica en pleno corazón de la tierra agrícola más fértil de la región.
Antes de esta enésima negación a la libertad de expresión, unos de los pilares de la democracia, se ha insultado a quienes se oponen a estas industrias, se les amenaza, se multa a quien se manifiesta en contra y se quiere meter en la cárcel a quien grita que no queremos refinería. Algo huele muy mal. Hay proyectos tan contaminantes que ya lo han contaminado todo antes de instalarse. Tendríamos que abrir las ventanas sin romper los cristales.