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Carmelo Arribas
La vuelta
Carmelo Arribas Pérez   
31 ago 2008 actualizado 22:33 CET :: Leído 157 veces
En Jano, una revista de temas médicos, que tiene a bien enviarme, casi diariamente, la editorial, aparecía en la sección de Psiquiatría un largo artículo sobre: Actitud positiva frente al síndrome postvacacional. Y lo encabezaba así
"La depresión, la irritabilidad y la tristeza caracterizan este síndrome derivado de la vuelta al trabajo, que afecta al 35% de la población"


Y daba algunos consejos para que la reentrada laboral sea más llevadera.
"Que no se piense en lo lejos que está el próximo período de vacaciones, sino en que se retoma el trabajo "con las pilas cargadas", y que se establezca un orden en la planificación de tareas, de forma que se aborden primero las cosas que necesiten una respuesta inmediata. También sugiere que el día elegido para reincorporarse al trabajo no sea un lunes, porque la sensación de depresión y el impacto psicológico "pueden ser mayores".

Por último, aconseja regresar de las vacaciones, al menos, dos o tres días antes de la vuelta al trabajo, para tener tiempo suficiente para descansar, organizarse y planificar todo, así como para evitar que se combine el estrés laboral con el de la vuelta a casa."
Los autores aseguran, además, que este año el síndrome postvacacional se verá agravado por la crisis económica, causando una mayor incapacidad de adaptación al ritmo cotidiano. Por ello, las familias que hayan reducido sus vacaciones o hayan gastado más de la cuenta se verán frustradas por no haber hecho todo lo que tenían previsto o, en el caso contrario, verán que los gastos son tan altos que no pueden cubrirlos.

Dicho lo cual, es evidente que esto no es válido para ese 11% que ha perdido el trabajo.
Cuenta la leyenda que Galileo Galilei murmuró Eppur si muove (o E pur si muove), "Y sin embargo se mueve", tras abjurar ante el Tribunal de la Santa Inquisición de que no estaba el sol en el centro alrededor del cual se movía la Tierra, sino que era la Tierra la que estaba quieta y alrededor de ella giraba todo el mundo.

Antes de marcharme de vacaciones alguien, al que tengo aprecio y que ocupa un importante puesto político se empeñaba en convencerme de que no había crisis sino miedo económico, y es posible que también haya de lo segundo no lo niego, porque el dinero como la materia, no se crea ni se destruye sólo se trasforma, y no es normal que del día a la noche (aunque tampoco es cierta esta afirmación, porque había que estar muy ciego para ver que esto se estaba deteriorando) desaparezca todo el dinero que tan alegremente iba circulando, y cayéramos en la cuenta que un euro no son veinte duros, (yo todavía sigo convirtiendo los euros en pesetas para ver si una cosa es cara o no), y es que pese a los intentos de demostrar lo contrario, a pesar de todo lo que se diga, "sin embargo se mueve", la crisis existe. Y en qué se ve. Mi última experiencia ha sido la de las vacaciones.

He estado en un pequeño pueblo, del que proviene mi familia. Habitualmente suele tener unos ciento veinte habitantes, pero este año durante el mes de agosto llegaríamos a más de seiscientos los que allí estábamos, y a mucha gente no la había visto nunca porque posiblemente ese mes otros años se habían ido a la costa y este año venían también a la costa, pero "a la costa de la madre o de la suegra". Por cierto, algo bueno tenía que tener la crisis, el pueblo tenía una vida como jamás la había encontrado, al final, no hay mal que por bien no venga.

 
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