De acuerdo, es un país laico y todo el mundo puede creer en lo que le de la gana, pero este es un país con una cultura, que independientemente de la religión que se profese, tiene unas bases cristianas y no es factible conocer su arte ni su historia, si se ignoran estas. No es incompatible ser ateo, con conocer quién era S. Francisco de Asís, o quienes son los franciscanos, por poner un ejemplo, yo tampoco soy músico y se quien es Vivaldi y he oído infinidad de veces las Cuatro Estaciones.
Y viene esto a colación, porque me he vuelto a admirar de ciertas cosas escritas, (scripta manent, los escritos permanecen, que decían muy acertadamente los latinos) que espero sean por ignorancia y supuesta "neutralidad" y no por mala leche.
Me parece muy correcto, que en un colegio de Cataluña, les den un menú sin cerdo y es posible que hasta "halal" a los niños musulmanes, porque hay que respetar la religión, pero partiendo de esa base, rechina un poco el argumento cuando en ese mismo colegio quieren quitar la Navidad y la Semana Santa, y convertirlas en: Fiestas de Primavera e Invierno, porque es un colegio laico, ¿pero no habíamos quedado en que se respetaban las costumbres musulmanas, que pasa con las cristianas?
Hay en estos días viajando de aquí para allá, una exposición del Barroco español, desde Londres a los Ángeles, acontecimiento al que el suplemento cultural del periódico El País, Babelia, le dedica unas excelentes fotografías. A mí, que me vuelve loco un garabato, se me han ido los ojos tras ellas, y veo que tienen el buen gusto de incluir, entre las pocas seleccionadas uno de los cuadros más extraordinarios que pintó Zurbarán, no muy conocido o al menos no tanto como debería serlo. Se trata de S. Serapio. Un santo de la orden de los Mercedarios, los de la redención de cautivos, que pedían dinero para rescatar a los cristianos presos por los moros, y que se desplazaban al norte de África para liberarlos, muriendo no pocos en el intento. Al bueno de S. Serapio, en Argel, tras rescatar a unos cuantos se le acabó el dinero y para liberar a uno más se quedó en su lugar, pero antes de ser rescatado murió en 1240 crucificado por los musulmanes, posiblemente porque además de trabajar como esclavo, hablaba de religión y no debía de hacerles mucha gracia. Hasta aquí un breve resumen biográfico, por mi parte.
Pero el comentario que aparece en el periódico El País acompañando al cuadro es el siguiente: "El Barroco no disimula el dramatismo: Francisco de Zurbarán muestra a S. Serapio" ( martir del cristianismo que murió en el S. XIII torturado a manos de los ingleses).
Se puede considerar lo anterior un error del comentarista, liado o indocumentado, porque S.Serapio era de origen inglés, pero menos disculpas tiene el siguiente comentario acompañando la fotografía de una excelente estatua de un Ecce Homo, que imagino que quien lo comentaba no tenía ni puñetera idea de lo que quería decir Ecce Homo ni a qué se refería, porque se ha despachado con lo siguiente: CATOLICISMO. El Barroco busca conmover de manera directa al público (hasta ahí correcto). Se trata de propaganda para el catolicismo. ( Vaya tela a la hora de apuntillar toda la filosofía de la Contrarreforma). Ecce Homo, de Pedro Mema ( aquí le ha debido de jugar una mala pasada la corrección que hace de palabras el ordenador, o el subconsciente y si era mujer, se ha definido. (Es Pedro Mena)) realizada en 1673.(Convento de las Reales Descalzas de Madrid./ Patrimonio Nacional). Y da la impresión de que pone lo de Patrimonio Nacional , como para que quede bien claro que es del Estado.
Es urgente una reforma educativa y seguramente la forma de impartir la religión en nuestras escuelas, y una asignatura, que en esta España multirreligiosa y multicultural, nos enseñe la historia de las religiones, al menos las tres o cuatro más importantes, Cristianismo, Islam, Judaísmo y Budismo, porque no es que acabemos siendo unos laicos neutrales, sino que si no conocemos las cosas que nos rodean acabaremos siendo unos analfabetos totales.
Y al hilo de lo dicho, podríamos meter aquí también la película de Amenábar Ágora, que personalmente me gustó, pero cuyo guión está plagado con medias verdades históricas, cuando no tendenciosas, ya que casi la única información que se posee de Hipatia, son las cartas del obispo Sinesio de Cirene, y no creo que en ellas pusiese en tan mal lugar, precisamente, a los cristianos.
Pero todo esto merecería unos comentarios más detallados, que quizás algún día aborde, pero lo que sí es preocupante esa imagen negativa e inculpatoria que se deja caer, aunque no venga a cuento en algunos programas de televisión o periódicos, y que recuerda la propaganda que los nazis hicieron con los judíos, que siempre hasta en los cuentos de los niños eran los malos. Lo peor de todo, es que la gente no tiene mentalidad crítica y en Alemania y da la impresión que también aquí, se lo acabó creyendo sin duda alguna, al fin y al cabo si lo decía el gobierno o sus entornos, sería verdad.