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Carmelo Arribas
La educación para la ciudadanía
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Carmelo Arribas Pérez
06 jul 2007 actualizado 21:30 CET :: Leído 1283 veces
¡Vaya repunte que se han cogido algunos obispos con el tema de la asignatura de la Educación para la Ciudadanía¡. No me la he leído ni creo, de momento, que esa sea una de las tentaciones que me puedan inducir al pecado de llevarles la contraria. Por lo tanto no sé si tienen razón para quejarse del contenido de la misma o no.

En cualquier caso tienen derecho, como individuos y como colectivo, a protestar si lo creen adecuado, al fin y al cabo, como españoles en una democracia les asiste, como a todos, el derecho al pataleo, aunque ya se sabe que habitualmente si le llevamos la contraria al que manda, se nos suele hacer menos caso que si un gato maúlla al pie de nuestro balcón, al menos molesta, pero si a la protesta se  une la Oposición política en el ejército lastimero, suelen tener los autores del invento una satisfacción íntima y un regodeo triunfal en sus adentros difícil de definir, por haber conseguido sacar de sus casillas al oponente.

Pero con razón o sin ella hace mal el obispado en oponerse, y parece mentira  que hombres tan sesudos y dados a la meditación y al análisis, no hayan sacado las conclusiones oportunas de la historia de España desde hace no digo  nuestros últimos 50 años sino  incluso menos.

Buscando el otro día un libro, me encontré en casa en una estantería, juntitas varias “joyas”, como el: “Pensamiento de Onésimo Redondo” ( uno de los fundadores de la Falange ) y “el Tradicionalismo Español del S. XIX”, dentro de la colección de Textos de Doctrina Política, libros que posiblemente debí de estudiar en el adoctrinamiento franquista cuyo eje central era la “Formación del Espíritu Nacional”, pero  que ni tan siquiera recordaba que alguna vez los había tenido entre mis manos, aunque ya saben los sicólogos que nuestra mente es muy selectiva y procura olvidar los momentos poco gratos.

Aún así no me resisto a transcribir alguno de los párrafos de Onésimo Redondo: "Debemos acorralar con un genuino movimiento revolucionario todas las formas de usura, incluso esa moderna, que consiste en pagar al labrador un mínimo bastante para que no muera y siga trabajando, pero insuficiente para que sostenga los hijos que da a la Patria...

Hay que redimir, en fin, al que trabaja y resolver violentamente, si es preciso, como lo será, a la burguesía, encastillada en sus numerosos fondos económicos. Pedimos, pues, la revolución social para que todo hombre apto encuentre trabajo dignamente remunerado y para que nadie se vea privado de la posibilidad cierta de elevar su condición según sus medios y para que el campo -que es España- sacuda las cadenas de la hegemonía burguesa. Pero si la revolución social es una necesidad y un grito de justicia, hay que defender. Ese movimiento sano y juvenil de las corrupciones traidoras que proceden de la democracia judaizante superburguesa, ( para que luego digan que lo del “super”, es un invento de los pijos de ahora)   como de las máximas internacionales con sello marxista, que descaracterizaría la genuina revolución hispánica para hacernos siervos de Moscú. Revolución social, enérgica y urgente, a cargo de la juventud española".

Si consideramos que según creo todos los maestros debían de estudiar estas cosas de cara a las oposiciones, y que estoy seguro que todos han hecho un formateo y borrado en el disco duro de su memoria. Que mi generación, sobre todo los que ostentan cargos políticos tanto de izquierdas como de derechas, pasó por las filas de la Falange Española, como requisito imprescindible, en aquella España de escaseces en la que las vacaciones de los niños eran quince días en las “colonias”,  para salir de su pueblo, y que muchos de los ateos más combativos, ( sobre todo aquellos que más que ateos son “p-ateos”, que en definición del diccionario de Coll: son los que niegan a Dios golpeando el suelo con los pies) han pasado por colegios de curas. 

Llegaríamos  la conclusión de que los señores obispos equivocan su estrategia. Si quieren que las generaciones futuras no cumplan nada de ese adoctrinamiento, que dicen se encuentra en la Educación para la ciudadanía”, y que a mí por aquello de que, el gato escaldado del agua fría huye, me da la impresión que expele cierto tufillo a: “Formación del Espíritu nacional”, déjenlo que se estudie. Sólo hace falta recordar, que aquellos textos de “Educación Social”, decían cosas como: “Nuestros deberes son de dos clases: unos para con nosotros mismos y otros, para con la sociedad, en la cual vivimos”. O:“Debemos de mirar con horror y con desprecio a quien explota al débil o a quien menosprecia al inferior; hemos de mirarnos como verdaderos hermanos que somos en la gran familia humana

 Y ni puñetero caso que le ha hecho nadie.