Cándido Marquesán |
| La cumbre del G-8: mucho ruido y pocas nueces |
| Cándido Marquesán |
| 11 jul 2008 actualizado 19:28 CET :: Leído 220 veces |
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Acaba de celebrase en Hokkaido, Japón, la cumbre de los países del G-8, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Rusia. Han participado también, además de Barroso, el conocido Grupo de los Cinco, los llamados países emergentes, (Brasil, México, Sudáfrica, India y China), más Australia, Corea del Sur e Indonesia; y países africanos importantes como, Nigeria Suráfrica, Ghana, Tanzania, Etiopía, Senegal y Argelia. La primera reunión de este tipo se celebró en Rambouillet (Francia) en 1975, por iniciativa del entonces presidente francés Valéry Giscard d'Estaing. Seis países (Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón) participaron en ella, antes de que Canadá se uniera al grupo en 1976 (G7).En 1998 Rusia participó por primera vez en la cumbre y el grupo pasó a ser el G8. El objetivo de esta reunión era el de debatir e intentar buscar soluciones sobre los problemas más acuciantes, que aquejan al mundo global de hoy. El problema medioambiental cada vez más grave, tal como estamos constatando continuamente por los numerosos desastres naturales, con inmensas pérdidas humanas y materiales, como consecuencia del cambio climático. La utopía de alcanzar los llamados "objetivos del milenio": la drástica reducción de la pobreza y el hambre, la disminución de la tasa de mortalidad infantil y la de las muertes causadas por el sida, la malaria y otras enfermedades; y la educación primaria para todos. Como consecuencia del alza de los precios del petróleo y los alimentos estos objetivos no sólo no se van a alcanzar, sino que se agravan al dispararse los índices de pobreza en al menos una treintena de países africanos. En ese desgraciado continente cada día mueren 6.000 personas de VIH-Sida, 7.000 de malaria y entre 2.000 y 3.000 de tuberculosis ha llegado a niveles inadmisibles. Los líderes de los siete países más industrializados y Rusia acordaron en Japón impulsar una reducción a la mitad de las emisiones de CO2 para 2050, anuncio que fue acogido con entusiasmo, sobre todo porque representa un cambio de actitud en la Administración de Estados Unidos, que abandona así su resistencia a que se fije un objetivo a largo plazo para la protección del clima. Sin embargo, a sólo seis meses de agotar su mandato, este cambio de rumbo de Washington deberá hacerse firme en la Cumbre del Clima de Copenhague en 2009 para comprobar si se traduce en metas concretas para su país y objetivos más ambiciosos a escala global. Lo acordado también esconde una trampa: el recorte no se hace sobre lo emitido en 1990, sino sobre los niveles actuales. José Antonio Hernández de Toro, portavoz de Intermón Oxfam para cambio climático, dijo que "a esta velocidad, hacia 2050 la tierra se habrá achicharrado y nadie recordará quienes fueron los líderes del G8. En cuanto al petróleo los líderes del G8 llamaron a los países productores de crudo a aumentar sus capacidades de producción y refinación así como a expandir las inversiones en la exploración para ayudar a enfriar los precios récord del crudo. Si la reunión de 2000 centró sus esfuerzos en las enfermedades infecciosas, en esta ocasión la tuberculosis, la malaria y el tratamiento del sida han sido considerados los mayores retos de los miembros del G8, preocupados por el desigual acceso a los tratamientos antiretrovirales, principalmente en los países del Tercer Mundo. También hablaron de otros temas. Sobre Zimbabwe los líderes del G8 expresaron su "seria preocupación" por la reelección del presidente Robert Mugabe el mes pasado, marcada por la violencia. Advirtieron sobre más acciones, incluidas medidas financieras contra quienes estuvieron detrás de la violencia, y recomendaron a la ONU designar un enviado especial para el país. Urgieron a Irán a poner fin a sus actividades de enriquecimiento de uranio, de acuerdo a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, y llamaron a Teherán a responder positivamente a la mediación internacional. Tengo la impresión de que ha sido una reunión cara la galería, como si hubiera que cubrir un expediente. Buenas palabras pero pocas medidas concretas Por una parte los dirigentes del G8, todavía no están suficientemente sensibilizados por este conjunto de problemas, que los ven como una realidad muy lejana. Por otra parte, los líderes aquí llegados; unos, son muy impopulares en sus países y en sus propios partidos; otros, están a punto de acabar su mandato; por lo que no quieren ni pueden asumir compromisos. El caso de los Estados Unidos es paradigmático. Igualmente se debería cambiar la composición y estructura de funcionamiento de este organismo. Ni son todos los que están, ni están todos los que son. Resulta inexplicable que si se va a hablar sobre los precios del petróleo, la ausencia de Arabia Saudita. El G-8 necesita una reforma importante para adecuarse a un mundo diferente al de 1975. |

