Luciano Vázquez
Seré breve. La dignidad, en este caso, sí que tiene un precio. Cuatro cifras que han puesto en entredicho la actuación de una institución que vela por los intereses de los autores, artistas e intelectuales. Quizá más que “organismo” que gestiona y defiende, ha pasado a convertirse en una especie de “inquisición” que requisa, recauda, investiga y persigue. Si esto se hubiese escrito hace cuatro siglos tal parecería la descripción del Santo Oficio... pero estamos en el 2009.