Paco Martín
Noa tiene tres días, tres noches y ya ha aprendido a llorar y a escribir su vida. A estas horas en el calor del Hospital "Virgen del Puerto" de Plasencia tienes los ojos cerraditos, y es preciosa. Desciende del amor de una mirada, tiene sangre algo catalana y respira aire extremeño. Toda una vida por delante y una madre comprometida con un sueño. Parece endeble como una aguja de coser amapolas, y a la vez es el fruto de una semilla de caracolas. Hay un parque en Jaraíz esperándola, un olor a pimentón aguardándola.Un tiempo para ser feliz en la inocencia mientras le dure. Tendrá opciones dónde alguien de su sangre tuvo hace años imposiciones. Se bañará en verano en El Lago, compartirá con su hermana el cariño, y recogerá lo que su madre lucha por afianzar un esperanzador destino.