Carmen Heras
08 ene 2007
Quizá por deformación (soy profesora universitaria y mis relaciones profesionales se encuentran entre los jóvenes) no me gusta oírles cuando están de capa caída, renegando de todo, aunque tengan más razón que un santo para hacerlo. No he olvidado mi juventud y las ganas de comerse al mundo que entonces teníamos, aunque la situación social y política fuera radicalmente distinta, mucho pero mucho más penosa que la de ahora.