Cándido Marquesán
He hecho en numerosas
ocasiones el firme propósito de no
inmiscuirme en temas relacionados con nuestra jerarquía eclesiástica. Mas, en
alguna ocasión, ante comportamientos tan sorprendentes e incoherentes de
nuestros obispos, no tengo otra opción que incumplir mi promesa. Ahora me
vienen a la memoria unas palabras que me dijo tiempo ha, un sacerdote católico
amigo, extraordinariamente consecuente con su ministerio, además de muy
inteligente, que se hace mucho más daño
al iglesia católica desde dentro que desde fuera. De verdad, que resultan muy pertinentes en
estos momentos en los que la Conferencia Episcopal acaba de señalar, por medio de su portavoz,
el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, caracterizado por su
espíritu dialogante y ánimo conciliador, que los
obispos no van a excluir a su Majestad, el Rey,
del Sacramento de la Sagrada Eucaristía, por el hecho de estampar su
firma a la Ley de
Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, más
conocida como Ley del aborto, que permitirá su publicación en el Boletín
Oficial del Estado. En cambio, si que se van a ver excluidos de tal privilegio
los diputados y senadores que han votado la polémica Ley. Todos ellos están
fuera de la comunión eclesial, entre otros, el presidente del Congreso, José
Bono, católico confeso.