
Mérida fue cruce de itinerarios, desde la antigüedad. Los caminantes, los peregrinos, podían enfermar y necesitar asistencia, casi siempre de caridad. Esa fue la razón de las Ordenes Hospitalarias. La de San Juan de Dios se instaló en Mérida en 1624, corriendo su mantenimiento a cuenta del Cabildo Municipal. El edificio se desarrolla alrededor de un patio-claustro con dos plantas. Lateralmente se encuentra la magnifica Iglesia, de planta octogonal, que se corresponde, según Hernández Gil, con el patrón arquitectónico del Barroco Americano (por estar interiormente muy recargado de molduras de yesería y estucos). La corona una gran cúpula y está rodeada de hornacinas para altares. El central está en la Iglesia de las Concepcionistas, restaurado por los hermanos Cruz - Solías, cuyo largo alojamiento pagó el Ayuntamiento de Mérida y su trabajo el ICROA, por decisión de Dionisio Hernández Gil, Director General de Bellas Artes.