Vista la posición de Rajoy, sobre el calentamiento global, no parece que los populares extremeños busquen en la refinería algo más que apretar al gobierno, lo que no significa que en esa orilla ideológica no haya opositores sinceros al proyecto de la petroquímica. Es significativo recordar que cuando, iniciados los años setenta, quisieron "colarnos" la celulosa en Mérida, una poderosa fracción corporativista del "franquismo" - los regantes - abortó aquel despropósito que la prensa y las autoridades habían vendido como la gran maravilla.
En la otra orilla dudo que, a pesar de la piña y la fidelidad silenciosa, exista apoyo unánime a este proyecto. Yo mismo, con una militancia de mas de treinta años, habiendo votado a Fernández Vara, Calle y Zapatero, estoy en contra de una refinería tierra adentro, como lo estuve contra Valdecaballeros.
Cuestiono por tanto que, en este caso, los procesos electorales certifiquen un plebiscito. Falta un debate en igualdad de condiciones. Este articulo, por ejemplo, no ha querido publicarlo la dirección del Diario Hoy. No me sorprende, porque una parte poderosa de su accionariado participa en el capital de la refinería y en la "bendecida" térmica de Alange.
Mucho se ha insistido sobre la inocuidad de las petroquímicas en las ciudades costeras, pero no se ha dicho que el mar, con su inmensa masa, tiene una capacidad de fijación de CO2, y otras emisiones, infinitamente mayor que la de un suelo agrícola o forestal. Es cuestión de cálculo entre volúmenes emitidos y sumideros receptores.
Estoy en desacuerdo con una refinería aquí, porque creo en la alerta científica sobre el calentamiento global y en las implicaciones de esos complejos sobre la salud. Y porque no habiéndose demostrado su bondad, al margen de la fiscalidad, me niego a aceptarla como medicina "in extremis" que cure nuestro atraso secular. Si la Unión Europea formaliza ingentes presupuestos para equilibrar las rentas de sus Regiones seria más inteligente utilizarlos aquí, en las líneas de sostenibilidad y eficiencia energética que pretende Europa. Eso si que nos sacaría del pozo para siempre.
Un tubo bombeando crudo desde Huelva afirmaría la definición que hacia la mítica y rigurosa revista "Triunfo" de las llamadas "industrias de enclave": Aquellas que se instalan en determinado lugar por permisividad medioambiental, subvenciones notables, debilidad sindical o mano de obra barata. Y otras, como podría ser el concentrar aquí un fortísimo compacto de producción de carburantes y electricidad que la contestación social impediría en otros sitios. Toda su apariencia responde a un modelo colonialista con predominio del interés privado.
El precio del petróleo y el calentamiento cierto del planeta (¿acaso lo duda ya alguien?) obligan a buscar otras opciones energéticas. Se habla, con seguridad tecnológica, de baterías de litio (las de los móviles) que combinadas con pequeños motores alcanzarían autonomías de mas de mil kilómetros. Se plantea a dos años vista, como opción industrial masiva y con China de acuerdo (El País 08.06.2008). Esto si que es innovación obligada, por un problema estructural que asfixia a una sociedad que impuso el modelo energético que agoniza, aunque algunos se resistan a aceptarlo.
La inesperada fuerza que cobra la Agricultura en la ecuación económica mundial. Obliga a considerar nuevas líneas de desarrollo para Extremadura. Si la innovación es el reto, ¿que nos impide impulsarla? : Hay agua, territorio y Universidad. Y en el mundo abundan científicos, tan fichables como un futbolista. Se trata de aprovechar la fotosíntesis, en línea casi sostenible, para producir alimentos, energía e industrias, no precisamente petroquímicas. Esa es la modernidad: Simple I+D+I.
Mi padre, un electricista que sacralizaba las chimeneas del norte, el modelo soviético y que aplaudió, siendo de izquierdas, la nacionalización de las eléctricas por De Gaulle, habría estado a favor de la refinería. No hubiera estado de acuerdo con él, pero seguiría siendo mi padre. La dirección de mi Partido apuesta por una refinería y yo estoy en contra, porque ni creo en los principios de obediencia debida ni en decisiones tan restringidas en cuestiones de este calado. Y por considerar que el socialismo democrático y progresista no puede prescindir, en esta hora, de los postulados ecologistas. Más bien han de constituir su estandarte diferencial.
Me gustaría que se rectificara, a pesar de los poderosos hilos que mueven este macroproyecto. ¿Tardaremos mucho en conocer las razones por las que tiene que ser aquí, ahora y a cualquier precio? Ya se verá que avales le otorga la Historia, pero no pocos pensamos que instalar una refinería aquí, es un problema de conciencia.
Antonio Vélez Sánchez. Ex - Alcalde de Mérida