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Antonio Vélez
Gladiator y Mérida
Antonio Vélez   
02 jun 2008 actualizado 14:01 CET :: Leído 384 veces
La película del Ridley Scott , que ganó cinco Oscar en el año dos mil , tiene como protagonista al general Máximo que confiesa ser hispano , de Emerita . Esto ocurre en la versión española, porque, en la original, el personaje que interpreta Russell Crowe resulta ser de Trujillo. Y parecería mucho mas acertado el origen emeritense del general Maximus Decius Meridius, porque en las escenas de su villa rural, con las espigas mecidas por la brisa, esa referencia se ajusta más a la vocación cerealista de nuestras campiñas que a los berrocales trujillanos.

Escena de la pelicula de Gladiator
Escena de la pelicula de Gladiator
Cuando vi la película, me llegó al alma esa alusión a Mérida. En fin, todos sacamos pecho cuando hablan bien de lo nuestro. Y que Mérida estuviera en ese film tan rotundo, con la espectacular batalla inicial y sus luchas en los mejores anfiteatros del Imperio, es mucho para el buen nombre de la Ciudad y la cosa turística.

Y desde ese momento, como una obsesión inevitable, empecé a buscar mentalmente el lugar donde podría estar la finca del general Máximo, por los campos coloniales de Emérita, como si la ficción argumental tomara visos de obligada certeza en mi cabeza. Y la encontré, vaya si la encontré. No vayan ustedes a creer que fue fácil, porque en la película, el terreno aparentaba ser una ladera y eso limitaba las opciones.

Así es que esas lomas que suben suaves desde el Guadiana, pasado Cantarranas, Siete Colchones y la Cimbrona, en el camino de Don Álvaro, se me antojaban las propias para ubicar la villa del general Máximo, cuando, llegado en un suspiro desde las fronteras de Germania, encontraba los cadáveres de su familia, asesinados por la justicia fatal de Comodo, el nuevo emperador. Incluso el nombre clásico, de ese pago agrícola que es "La Tijera", no desentonaba con la tragedia del honesto militar e ilustre paisano nuestro, por esa magia del celuloide. De cualquier forma pueden ustedes imaginar otras localizaciones, que seguro que las encuentran en los campos de este embudo entre colinas, como Roma, que es Mérida .

Roma fue un imperio agrícola y desde esa óptica hay que comprender aquella sociedad . No había un sistema de pensiones para los jubilados, sino tierras para cultivar. Así es que el crecimiento, la extensión de las fronteras, desarrollando un modelo de asentamiento sobre las nuevas tierras, fue el motor de aquel modelo geopolítico y social, cosido legalmente con el derecho romano. Todo estaba apoyado en una lógica expansionista, como todos los imperios. Roma crecía más y más, incorporando nuevos territorios, fijados para el comercio y la estabilidad con una inmensa malla de calzadas.

De hecho, cuando se colonizaron todas las tierras posibles y se frenó el pulso expansivo, con una sociedad acomodada y poco proclive a roles militares, el Imperio comenzó a declinar.

El general Maximo, nuestro héroe, seria heredero de aquellos veteranos legionarios para los que Augusto, dos siglos antes, comprara tierras en Hispania. El ejército que heredara el joven Octavio era excesivamente numeroso y tenia que reducirlo. ¿Para que necesitaba un ejercito sobredimensionado y ocioso, para que se volviera contra el mismo? Además tenia todo el botín del Egipto anexionado, tras la muerte de sus enemigos Antonio y Cleopatra. Con ese oro compró tierras para jubilar nada menos que al sesenta por ciento de los legionarios, a los que distribuyó por todo el Imperio. Y por esa razón delimitó una tercera provincia en Hispania, la Lusitania, y fundó Emerita, su capital.

Cierta manera sesgada de contar las cosas nos han hecho pensar que aquellos Eméritos estaban todo el día, del anfiteatro al hipódromo y al teatro, bacanales de por medio y vuelta a empezar . Y nada mas lejos de la realidad, porque aquella sociedad basaba su bienestar en la explotación de las tierras. De ellas se derivaba el relativo y sencillo confort de sus vidas, organizadas alrededor de un principio elemental de subsistencia.

Los cereales, que garantizaban el pan y también la energía para los animales de trabajo, eran la base del sistema. El viñedo, en segundo lugar, procuraba energía y recursos monetarios por su movilidad comercial. Igual que el olivo, que era alimento, ungüento saludable y carburante para las lucernas de barro.

Todas aquellas vidas, la agricultura y sus métodos de laboreo y abonado, las plagas, la climatología adversa, discurrieron por estos campos de Emérita, una Ciudad que administraba el territorio y lucia el poder de Roma. Que traía agua de lejos y vertía sus alcantarillas a un río . Que tejía paños, curtía pieles y salaba carnes. Un espacio para trabajar, comerciar, vivir, divertirse. Aquí vivió el general Máximo, que tanto nos impresionó en su peripecia vital y cinematografica. Fue un agricultor más en Emérita. Igual que todos aquellos que soñaron un ocaso feliz para sus vidas. Cerca del horizonte donde el mismo sol declina.


 
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