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Antonio Vélez
¡¡Pobres Gatos!!
Antonio Vélez Sánchez. Ex-alcalde de Mérida   
25 ene 2005 actualizado 16:28 CET :: Leído 381 veces
No solo es la pena por la inútil muerte de unos indefensos animales cuyo único pecado fue buscar el cobijo seguro de unas ruinas romanas bajo la piel de una vieja ciudad que alguna vez soñó con ser de nuevo su pasado. Ha sido en mayor medida la indignación por intuir que apenas cambian los comportamientos en este reseco solar de guerras y venganzas primitivas.

¿Tenían que jugar estos gatos el papel de culpables?. Naturalmente que si, porque no tenían la menor posibilidad de evadir su condición de víctimas propiciatorias para suplir la irresponsabilidad humana. De nada les ha valido que la Ley diga que "es obligación de los poseedores de animales el proporcionarles alimentación adecuada a sus necesidades y desarrollo así como mantenerlos en buenas condiciones higiénico-sanitarias, realizando los tratamientos preventivos y curativos obligatorios".

Han pesado en su contra el que transportaran, según informes no escritos, las pulgas de manera exclusiva Ni siquiera se les ha otorgado el beneficio de la duda considerándolos a ellos mismos como unas victimas añadidas de los minúsculos y prolíficos parásitos. Tal vez podrían haber tenido collares para protegerlos de ellas. Tal vez las ratas, tan cercano el río, sigan llevando pulgas por las tripas de los edificios y ya no habrá un equilibrio sin los felinos. Tal vez ese dichoso edificio que ha costado la vida a los gatos tenga condiciones ideales para reproducir pulgas que además pueden aguantar sin comer hasta ocho meses. Pero todo eso importa poco porque los culpables son única y exclusivamente los gatos.

Y así la indignación se instala en los corazones de quienes pensamos que los animales merecen un respeto y exigen cuidados porque así lo dice la Ley, pero ya sabemos que en este país las leyes se hacen para no cumplirlas. Seguramente porque en este caso prima lo antropocéntrico, esa concepción que sitúa a los animales en la condición de seres inferiores y por eso "muerto el perro, perdón el gato, se acabó la rabia, perdón las pulgas"

Sigue diciendo la Ley que se prohíbe, maltratar, abandonar, matar, a los animales y prevee castigos para quienes vulneran esas disposiciones que también hablan de que no se pueden mantener a los "seres irracionales",a pesar de su ínfima condición en estado de desnutrición o sedientos.¡¡ Madre mía, si pudieran hablar los gatos del Templo de Diana, que dirían de sus veranos ¡¡.

Añaden desde el Ayuntamiento que, en la perrera, se han sacrificado los gatos con estricto respeto a la normativa, pero resulta contradictoria esa afirmación porque los gatos, supuestamente, en orden al procedimiento utilizado, no eran vagabundos sino que tenían dueño. Desde la Sociedad Protectora de Animales se pone el grito en el cielo por estas aceleradas e injustificadas muertes de los pobres e inocentes felinos. Anuncia, en línea con su ideario, actuaciones al respecto.

Al final, en toda esta triste historia, han perdido los gatos. Y también la Ciudad, que retrocede en las posiciones referenciales exteriores que minimamente se exigen en comportamientos cívicos.¡¡Quien va a saber desde fuera el culpable o los culpables de estos tristes aconteceres¡¡.Se hablará de Mérida mal, como de otras cosas negativamente acaecidas. Y a la postre solo nos quedará la pena por unos animalillos sacrificados y las nauseas por unas decisiones tan testiculares, tan oscuras, tan crueles. Pero, claro, a quien le importan cuatro gatos y medio.


 
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