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Antonio Vélez
Funcionarios, Capital, Grandeza
Antonio Vélez Sáchez. Ex-alcalde de Mérida   
25 oct 2005 actualizado 23:18 CET :: Leído 443 veces
Narraba Camilo José Cela en “El Gallego y su cuadrilla” aquello de que “a veces el tiempo se encabrona y desluce mucho la función”.Y parece que ahora en Mérida esa celebrada frase viene al pelo porque muchos no atinamos a comprender la causa de cierto empecinamiento con relación a las paradas de los autobuses que traen, todos los días, funcionarios a Mérida.

Vamos a intentar ver las cosas con racionalidad: Mérida es la capital de Extremadura. Esto es un hecho reciente de apenas veinte años de existencia, es decir nada si los comparamos a la deriva histórica de siglos soñando con nuestro viejo papel de metrópoli de la Lusitania romana. O sea que ese rol es otra vez nuestro y ello nos debería investir - junto al natural orgullo emotivo de volver a ser referencia político -administrativa de un territorio -  de un carácter generoso, hospitalario, universalista, templado, tolerante y sobre todo inteligente. Va en ello, ligado a esas actitudes, nuestro futuro. Y creo que eso es muy serio. Porque, tanto chillar, tanto enfrentamiento de corte barriobajero, ¿de que ha servido? ¿Dónde están los militares, en contraposición a Cáceres que aun los conserva? No podrán seguir diciendo que se fueron con el Gobierno Municipal que presidía quien esto escribe, porque era mentira. Se fueron con el Gobierno Municipal actual. Eso, para la Historia, es ya inamovible.
 
Si el tráfico está mal se podrá achacar a muchos despropósitos o a determinadas circunstancias. Nunca a que vengan un puñado de autobuses con funcionarios y que, en unos instantes, tengan que soltar su carga. Eso no se sostiene y sin embargo se buscan cabezas de turco para distraer la atención de la ciudadanía y ganar tiempo ante una mala gestión. Es lo de siempre, lo del enemigo exterior, la Ceuta y Melilla del Marruecos de la Monarquía absolutista o el Gibraltar del franquismo. Parece mentira que en una supuesta sociedad informada e inteligente se puedan aplaudir estas actitudes.
 
Uno da su opinión, respetable y discutible como cualquiera, y lo hace en medios que supongo libres porque en estos medios aparecen opiniones contrarias tan libres como la que uno pretende. Pues bien, la respuesta la recibo desde el poder en medios afines, pagados en gran medida con dinero de todos. Siempre se llamó “fondos de reptiles” a esos recursos destinados a triturar a quienes pensaran diferente del poder de la tiranía. Y Mérida desde ese poder, zafio e interesado en manejar las cosas del urbanismo y los negocios, se está actuando de esa manera, basta ver a quienes están en los medios que controlan. Con sus nombres, sus apellidos y sus caras. ¿Por qué aguanta la ciudadanía esta mascarada? Seguramente porque aquí no nos conocemos todos y pensamos que todos somos iguales. Así de triste y vergonzoso. ¿Puede APYME (la asociación de la pequeña y mediana empresa) apoyar una televisión local cuya única función es insultar y linchar, asta la desvergüenza y la indignidad, a los contrarios de los que mandan en el Ayuntamiento de Mérida? ¿Qué respuesta daría a esta pregunta D. Antonio Masa Godoy, desde su elegante pulcritud de presidente de la patronal extremeña?       
 
Bajo esa consideración de las cosas que ocurren en Mérida, opinión que voy a mantener y defender porque es mi derecho – el derecho de las personas libres – se entiende que me responda el consejero del ramo de trafico y otras tareas – o quien le haya elaborado ese articulo para el semanario que se sostiene con “fondos de reptiles”-  sacando a colación la compra de la finca de “Las Rozas”, soltando el sórdido infundio de que se compró por el triple de su valor. A ello solo cabe responder que se compró por su precio de mercado, por un Ayuntamiento que figuró el costo real de dicha adquisición y que no podía operar con dinero negro como, parece ser, puede hacerse entre particulares. ¿Alguien ha ido a los tribunales con esa compra? Algunos si nos hemos movido judicialmente, con la venta posterior de esa fincha de una manera oscura, preocupante y en claro perjuicio para los intereses de la ciudad. Y muchas más cosas.
 
Pero ahora hablamos de funcionarios que viene a Mérida. Funcionarios que deben ver reflejados en nuestros comportamientos una actitud de señorío y no de ratoneo palurdo y negativo para nuestro futuro. ¿Qué culpa tienen ellos de que este consejero y el Alcalde, al alimón, solo pretendan solucionar el tráfico a golpe de multas y terror? Madre mía, si la policía municipal les hubiera pitado, como a quien esto escribe, a las puertas del teatro romano, con Ministro incluido, en un estreno de nuestro Festival
 
Los funcionarios no son el enemigo exterior, sino todo lo contrario, son el futuro de la Ciudad o por lo menos uno de sus pilares mas notorios. Algún día decidirán quedarse si la Ciudad le ofrece un rostro amable que ahora, a la vista está, no encuentran por ningún lado. Solo perciben actitudes hoscas, intransigentes, autoritarias, tanto que les han creado un criterio que les espanta. Así es la cosa. Conviene ser flexibles, buscar puntos para el encuentro y no dramatizar el asunto para intentarle sacar provecho político a costa de quienes solo pretenden llegar a Mérida todas las mañanas.

El problema es pretender instalarse en la certeza inamovible de una decisión porque pudiera estar jaleada por mucha gente. Tal vez por una infundada animadversión contra los funcionarios. Ni aun así habría que desligarse de la duda como valor democrático y no hacer de la negociación un ejercicio positivo. En mi experiencia como conductor en Mérida encuentro más dificultades de fluidez con los coches de autoescuelas que con los autobuses sean del tipo que sean. Y sin embargo acepto que los aspirantes a conductores tengan que aprender en la maraña o el caos circulatorio de la ciudad.
 
Creo que el problema que tiene el tráfico en Mérida, entre otros aspectos, es que se han reducido brutalmente los circuitos. Eso es terrible para una ciudad tan laberíntica y aquí están los resultados. Simplemente ocurre que a veces el sistema se bloquea por exceso de congestión. Articúlense más vías alternativas por las que pueda discurrir el flujo de vehículos, pero no se purgue a cuatro autobuses y medio que llegan a la ciudad a unas horas muy concretas. Y respóndase a las cuestiones que se plantean con elementos propios del asunto y no con descalificaciones que no vienen a cuento, que ya hasta resbalan por lo acostumbrados que estamos  algunos a que nos traten como a aquel personaje taurino. Ese, si, Don Tancredo. Porque eso, ya aburre. Y procuren, por el contrario, crear servicios y un clima de capitalidad amable, tolerante, culta y democrática para que se vengan a vivir los funcionarios, al ritmo que ellos consideren oportuno.

Antonio Vélez Sánchez
Ex Alcalde de Mérida


 
 
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