Antonio Vélez |
| Este complicado tiempo que nos toca vivir |
| Antonio Vélez Sánchez. Ex-alcalde de Mérida |
| 15 ene 2005 actualizado 17:46 CET :: Leído 406 veces |
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Me
encontré con el sin esperarlo.Habia sido una referencia en aquellos
primeros momentos de la transición politica cuando la izquierda parecia
que iba a comerse el mundo.Todavia guardaba la prestancia de quien
habia sido un liderconstruyendo discursos impecables con los que
fabricar un mundo nuevo de progreso y felicidadcolectivas. No me anduve por las ramas y le pregunté a bocajarro : ¿Qué está pasando?.
Confieso
que esperaba una respuesta, en clave de solución a toda la desesperanza
que nos estaba amordazando. Me miró, sin embargo, con ojos
profundamente cansados como si quisiera desahogarse conmigo, y me habló
: - ¿Sabes?, tengo la sensación como si de pronto estuvieramos desnudos
de identidad, engullidos por una cultura globalizada, fuertemente
mediatizada por quienes controlan nuestros pasos, nuestras vidas. El gran teatro del mundo occidental, el mundo rico, se representa en dos escenarios. Uno, el de los amos, los que hacen la guerra, controlan el dinero e hipotecan a todos y cada uno de los habitantes del gran hormiguero. Ahí es donde se decide todo. Luego hay otro espacio. Es el de los que consumen y van o vienen en la limitada dimensión que les permiten los que mandan. Las hormigas no deciden, solo trabajan y gastan, aunque dentro de un orden. Pero van y vienen. Son turistas ocasionales o devoradores de exotismos y placeres de catalogo. Se sienten protagonistas pero no lo son. Se divierten por los carriles marcados y agotan las reservas del mundo por sus bocas o con sus maquinas. Se autodestruyen. Creo, siguió confesando mi amigo, que vivimos una extraña pesadilla entre el falso “Mundo feliz” de Aldous Huxley y “Metropolis” de Fritz Lang. Es,también,el “Gran hermano” de Orwell, prosiguió. Todo o casi todo es impudicia. Todo es apariencia. Moda, drogas, sexo, exhibicionismo. Ese es el margen que tienen las hormigas felices del primer mundo para su destrucción programada. Nada les pertenece, solo el desencanto y la insatisfacción. Y hay otro mundo que se muere a chorros, de hambre fisica, de humillación. Es un mundo que está cerca del otro, del nuestro. Es el ultimo mundo, el que inunda de pateras las conciencias insensibles de las marionetas ricas. Es un reducto de rencor y odio contenidos. Es un mundo que necesita rezar, como en la noche de los tiempos, cuando el mono estaba desnudo frente a los enigmas, la oscuridad y la muerte. Estaba absorto, como petrificado, escuchandole. Seguia dominando la capacidad de transmitir ideas con fuerza y convicción. Me sorprendia aquel viejo amigo. Y no paró. -Soy creyente y soy marxista, ahora mas que nunca, ambas cosas. Ya se que es complejo, aunque para mi no tanto.- Soy creyente, continuó relajado, porque reflexivamente quiero sentirme dentro de una parte de la la familia humana que navegó por la historia, entre luces y sombras, y a la que considero mi familia cultural. Que se elevó espiritualmente desde las cúpulas de las catedrales, pero que se enfangó, tambien, entre el oro y los inquisidores. Y que igualmente derrochó caridad desde sus actores mas humildes.- ¿Sabes?, me dijo, podria explicar, como marxista, que las catedrales se construyeron tras las guerras de los poderosos, a través de fuertes excedentes de mano de obra casi esclava, para señalar el poder, diferenciar las castas, marcar el territorio. Seria muy facil, desde el materialismo historico explicarlo todo. Y sin embargo tambien soy creyente porque necesito serlo, ahora mas que nunca, para buscar algo mas que lo que se nos ofrece, para intentar una coartada moral, espartana, adusta, a favor de un objetivo de supervivencia. Y me apoyo para ello, continuó con firmeza, en Jon Sobrino, en Ellacuria, en su manera de entender su “Teologia de la liberación”. Es la unica respuesta que encuentro para construir un futuro mejor, que sepa frenar inteligentemente toda la ruina que nos rodea, desterrando al becerro de oro pero acudiendo, al mismo tiempo, a la Ciencia, l mundo cientifico, por si aun es capáz de armar un soporte de progreso universal y solidario.- No soy capáz de situar el futuro de otra forma, me machacó convencido. En el fondo quizás no sea mas que un krausista extemporaneo, porque mi escepticismo me lleva a aceptar que tanta riqueza ostentosa,tanta explotación y apenas ninguna armonia en la naturaleza nos va a llevar a la destrucción.- Te confieso, aseveró relajado, que he perdido la fe en la humanidad, con lo que nos animó, desde aquellos dias del sesentayocho, la esperanza de redimirla. - ¡¡ Pero Luis, le contesté entre timido y angustiado,es posible que la izquierda europea e internacional reaccione y las cosas cambien,que venga otro ciclo ¡¡. -No lo creo, me contestó convencido. Solo avanzan las pateras. Africa se muere para nuestra vergüenza. China consume freneticamente, devora todo. No creo que haya futuro. El fundamentalismo es mas fuerte, se apoya en su fé y quiere una parte de la tarta que estamos liquidando sin medida. Las abejas llevan doscientos millones de años sin cambiar su organización y subsisten. Nosotros no tenemos nada que hacer. Nos comemos el mundo, vamos al caos. Vemos con angustia que tras la alegria que nos produjo la caida del muro y la desaparición de la Union Sovietica el contrapeso al capitalismo salvaje ha desaparecido. Los niños son explotados, todo es explotación. Solo nos queda el humanismo. -¿Y que hacemos?,casí le interrogué angustiado. - Pues no lo se exactamente,contestó. De momento, tomar conciencia de las cosas y empezar por algun gesto, entre estas fiestas tan excesivas. Ser mas estoicos, un poco mas pobres, mas humanos y solidarios. Tal vez mas religiosos a la manera que pudieran entenderlo ciertos cristianos o determinados marxistas. Quizás como Jon Sobrino.!!Curiosos estos jesuitas!! Se despidió de mi con un fuerte apretón de manos. Sentí cercano el calor instalado en la inercia de su caudaloso mensaje, y supuse que tardaria mucho en volver a verlo. O tal vez me equivocaba, porque aun no he dejado de darle vueltas a todo esto. Y hay noches que apenas duermo, pensando y pensando. |

