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Antonio Vélez
El tráfico o la ciudad clausurada
Antonio Vélez Sáchez. Ex-alcalde de Mérida   
25 jul 2005 actualizado 14:40 CET :: Leído 299 veces
Vemos las viejas fotos - amarillas, solemnes – y comprobamos que los anacrónicos medios de transporte que representaban los carros y las caballerias, están en ellas, presentes por las calles y plazas de nuestra ciudad. Se entiende por tanto que siempre necesitaron los humanos servirse de medios complementarios – entonces con motores de sangre – para poder acarrear los utiles que gratificaban sus vidas.

Así transportaban muebles, alimentos, mercaderias multiples y hasta objetos inutiles, o sea decorativos,  artisticos o musicales, pero que componian el universo de sus vidas en orden a sus disponibilidades economicas y gustos. No podia entenderse que a una ciudad se penetrara con esos objetos a hombros de unos porteadores humanos mas acordes con los de la pelicula “Mogambo”.

Se hacia por tanto con los medios auxiliares que representaban los vehiculos de tracción animal. Es decir que las ciudades estaban abiertas a ese trajin diario que suponia el traer y llevar cosas. Y Mérida no podia sustraerse de esas servidumbre pues siempre fue ciudad de afanosos trajines dentro de ella misma o con relacción a los cercanos pueblos de su jurisdición. Los mismos labradores, que eran muchos y vivian por toda la ciudad, salian de mañana y volvian con la tarde chirriando estridentemente sus artilugios de hierros rodantes sobre los empedrados de una ciudad sesteante y laboriosa al mismo tiempo.

Ahora se hace lo mismo con vehiculos motorizados que, en lugar de paja y cebada, consumen carburantes gasolina o gasoil. Sin ellos la ciudad, fuertemente envejecida en sus espacios centricos, no podria funcionar. Se añade ahora, además, la distribución y el reparto hacia los cenmtenares de puntos – bares, cafeterias, locales de diversión – donde se hace la vida en mucha mayor medida que antaño. Y además los nuevos menesteres capitalinos aumentan en fuerte medida la servidumbre diaria por sus calles de las imnumerables hormigas mecanicas que van y vienen por doquier.

¿Y que ocurre con todo ese maremagnum circulante?. Nadie es capaz de explicarlo, pero el asunto es que cada dia está peor, pues siendo la linea recta la distancia más corta entre dos puntos, los responsables de la cosa se empeñan en cerrar y cerrar segmentos de ciudad y obligando a dar rodeos laberinticos para alcanzar un determinado punto al que antes se llagaba con realtiva facilidad.
      
He contado que se puede multiplicar por cinco la distancia para determinados trayectos entre hace pocos años y el dia de hoy. Es por tanto evidente que la cosa del trafico está muchisimo peor y sin visos de que, a corto plazo, pueda arreglarse, pues no parecen que el sentido comun prevalezca en este caso sobre las torpezas inexplicables de quienes mandan en el ayuntamiento.

¿Pretenden acaso con esta actitud que los emeritenses del casco viejo abandonen sus viviendas para irse a las urbanizaciones perifericas donde tantos intereses urbanisticos se mueven?. Tal parece el asunto porque de lo contrario no se entiende nada. ¿Pretenden, por el contrario, hacer una ciudad ultrasaludable, obligando a caminar a los ciudadanos?. Pues dificil lo tienen porque al prolongar por mucho el tiempo de circulación – motores en marcha – sin contar los continuos tapones, las emisiones de gases toxicos y alergicos aumentan de manera preocupante.

Y esto sí que es evidente, porque al marcar circuitos únicos para llegar a la mayoria de los destinos, la pesadez y lentitud del trafico en Mérida es ya una pesadilla para todos. No digamos nada de las obras en relacción a la fluidez de los escasos circuitos utilizables para llegar a los sitios referenciales de cada uno.

Este asunto es grave, muy grave y se enfoca desde la imprevisión y la falta de rigor en las opciones que continuamente se trastocan, ensayan y enredan. Están en juego cuestiones de salud humana, contaminación ambiental, estabilidad emocional, cumplimiento de horarios y muchas mas cosas, pues salvo que se quiera acabar con el automovil en la ciudad, no se entiende nada de lo que está pasando.

Convendria hablar mucho de este asunto exponiendo datos reales sobre cuánta distancia se circula en exceso por falta de planificación, con motores soltando gases, para llegar de unos puntos a otros de la ciudad especialmente en el centro que es el fondo de este embudo que es Mérida.

Habrá que hacerlo, pués no creo que haya que resucitar los carros y los burros de las viejas fotos, aunque a muchos seguramente nos encantaria. La cuestión urgente es racionalizar el caos circulatorio que amenaza con convertir a Mérida en una de las ciudades-trampa más insoportables que imaginarse puedan. En perjuicio de sus ciudadanos, especialmente los del centro, comerciantes y mayores incluidos.
 
 
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