Antonio Vélez |
| Carcesa, la historia, el pelotazo |
| Antonio Vélez Sánchez. Ex-alcalde de Mérida |
| 05 feb 2005 actualizado 16:21 CET :: Leído 372 veces |
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No
solo basta con decir que la recalificación de los terrenos de Carcesa
no es un robo al pueblo de Mérida para que automáticamente, dicho eso
por el Alcalde, los ciudadanos, haciendo un acto de fe, nos lo creamos.
Hay
que demostrarlo con cifras y a mi los numeros me salen en clave de
pelotazo,si esa expresión da a entender coloquialmente una manera facil
de enriquecimienrto, auspiciada, en este caso concreto, por el.
Ayuntamiento.
Se equivocan quienes apoyan este modelo recalificador porque auspician desde instancias publicas un enriquecimiento desmedido de quienes vayan a realizar la operación y, lo que resulta mucho mas grave, no defienden las plusvalías a las que la Ciudad de Mérida tiene derecho. Convendría repasar la historia para una mejor situación de las razones que asisten al pueblo de Mérida. El año mil novecientos veinticinco,ya empezaba a notarse la crisis generalizada que luego acabaria en el “reventón” de la bolsa de Nueva York, con la gran depresión y la Segunda Guerra Mundial. Eran las consecuencias de un mal armisticio para acabar con la Primera Guerra Mundial que evidentemente se habia cerrado en falso obligando a los perdedores, Alemania principalmente, a soportar unas deudas imposibles y unas perdidas territoriales humillantes. La situación se notaba en la provincia. La ganaderia tan boyante años antes no tenia salida. El momento político correspondia a la Dictadura, o “Dictablanda”como algunos la llamaban, del General Primo de Rivera. Querian hacerse cosas con urgencia para reactivar la economia y paliar el paro y el hambre que empezaban a radicalizar las posturas. El siete de diciembre de ese año, en el Pleno Municipal presidido por el Alcalde Francisco Lopez de Ayala, se recibe un escrito de la Diputación Provincial en el que expresa la intención de constituir la Sociedad Anónima “Productos de la Ganaderia Extremeña”. Para ello y otras cuestiones ha concertado un credito de tres millones – una fortuna para la época – con el Banco de Credito Local de España. Se trata de construir un gran complejo carnico-frigorifico-conservero y tambien abastecedor de canales frescos para las grandes ciudades, a traves de vagones ferroviarios frigoríficos que tambien se comprarian. La Corporación rompe en júbilo y acuerda apoyar la intención sin reservas. Entendían los, con toda logica, que transformando las materias primas se encontraria una salida a la crisis. Se acordó ceder terrenos y agua gratuitamente y suscribir quinientes acciones por un valor de doscientas cincuenta mil pesetas. Ese dinero se aportó con creditos del Banco de Credito Local en sucesivos ejercicios sobre los que hay acuerdos. El presupuesto ordinario del Ayuntamiento del año veintisiete fue de quinientas treinta y ocho mil pesetas. Puede entenderse el enorme esfuerzo del pueblo de Mérida aportando esa fortuna para “su Matadero Industrial”. Los terrenos no pudieron cederse gratuitamente porque estando vigente las Leyes Desamortizadoras, la Hacienda del Estado lo impedia. Se les fijó un precio simbolico casí veinte veces menor que el paquete de acciones que suscribió el Ayuntamiento. Todo ello es muy ilustrativo de cómo se defendieron los intereses de la ciudad y sus habitantes. Los terrenos eran de la finca de Propios del Prado y fueron l62.908 metros cuadrados. Tambien suscribió acciones el Rey Alfonso XIII supuestamente con un carácter simbólico y para apoyar la iniciativa. Al año, veintiséis de los ganaderos de Mérida ya habian suscrito 221.000 pesetas en acciones. Posteriormente el Matadero pasó por muchas vicisitudes, pero las guerras, la nuestra y la Mundial, lo favorecieron, al forzar su producción de alimentos por la gran demanda. José Fernández López que lo alquiló en l935, para luego adquirirlo, basó en el la generación de un gran imperio que aun subsiste. Luego lo vendió al I.N.I. que terminó privatizándolo. El Pleno del veintisiete de abril del treinta acordó enviar un telegrama al Rey agradeciendo su iniciativa para la industria que era ya una grata realidad pues – según se expresaba en el acuerdo – habia salvado de la ruina a la ganaderia,poroporcionando grandes beneficios al pueblo. Ahora esos terrenos se van a recalificar cambiando su estatus jurídico de industriales a residenciales y terciarios con un enorme valor. La entidad dueña de CARCESA quiere una nueva factoria que cuesta hacerla dos mil quinientos millones de pesetas. A cambio el Ayuntamiento va a entregar recalificados ciento veinticinco mil metros edificables netos. Con los numeros que se han dado una vez construidos van a generar treinta mil millones de pesetas. Contruir la factoria y edificar viviendas y comerciales u hoteles costará algo mas de la mitad. Las cuentas a “grosso modo” estan echadas. Hoy el mercado inmobiliario está a un nivel galopante y no es probable que retroceda. Nunca lo hizo a lo largo de la historia cercana. Por tanto los beneficios que se van a ceder son excesivos, brutales. El Ayuntamiento tiene la obligación de controlar esas plusvalías porque tiene derecho a ellas. Con la mitad del suelo recalificado le salen las cuentas a los promotores o constructores. No puede perder el Ayuntamiento, si de verdad representa al pueblo de Mérida, la oportunidad de devolver en plusvalías actuales lo que aportó, con mucho sacrificio, en un momento historico, hace tres cuartos de siglo. Sin poner en cuestión los puestos de trabajo pero no haciendo de ellos una burda y torpe, por desmontable, coartada. Los numeros cantan.¿O es que se ocultan otras intenciones que desconocemos?. El tercer teniente de Alcalde de aquella Corporación del veinticinco se llamaba Román Garcia de Blanes y era bisabuelo del actual edil de ese apellido. Le sugiero que repase con atención como aquellos emeritenses – tambien los de años antes y los de después – miraron con lupa la forma de defender los intereses de la Ciudad. También los privados, en buena lógica y derecho, sin vulnerar los publicos. En fin, la intención que sugiero es sencillamente la de considerar la Historia y proyectarla al futuro. Para ello conviene que nos armemos de argumentos y de datos sobre los asuntos del gobierno con el propósito de encauzar las decisiones adecuadamente. Y es la cuestión que los intereses públicos, que se proyectan desde la historia al futuro, deben ser bien defendidos, aunque en el tema de recalificar los terrenos de Carcesa no se están cumpliendo esos preceptos y por tanto deberían ser reconsideradas las cosas. Por la Ciudad, sus habitantes y el futuro. |

