Antonio Vélez |
| Bernardo Victor Carande |
| Antonio Vélez Sánchez |
| 05 nov 2005 actualizado 13:24 CET :: Leído 430 veces |
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En el setenta y cuatro – vivía yo, entonces, en Nerja – llegó a mis manos “Suroeste”.Se trataba de una edición de Destino, concretamente de la colección “Ancora y Delfín”, que aun conservo con obsesión de coleccionista. Era lógico que si el año anterior ese titulo había sido finalista del Nadal, lo publicara la editora del certamen de novela más veterano de España.
Me impactó seriamente la fuerza narrativa del autor, las citas literarias con las que encabezaba cada capitulo, especialmente la del primero que era la “Cuasi/pesadilla política” de Mariano José de Larra, publicada en la “Revista Española” en 1833.Inevitablemente me envolvió la trama argumental, tan plenamente ligada a la gente y los paisajes de esta tierra nuestra que tanto sentía uno en clave de nostalgia. Suroeste se convirtió, para mi, en un titulo de culto y con el alimenté, en los círculos sociales que frecuentaba, el orgullo licito de ligar su autor a una tierra desafortunada pero que aun así era la nuestra. Años después, cuando volví a Extremadura, conocí a Bernardo con sus “patillas de bandolero”, su humanidad y su gran capacidad de afecto para aquellos que consideraba sus amigos, muy por encima de su aparente misantropía y clausura voluntaria en el campo, al modo de un ilustrado del dieciocho o un cónsul romano retirado a su villa rustica. Fue cuando descubrí Capela, Nuevo ALER y ALER Novisimo. Era el trabajo individual de un intelectual irrepetible, de un humanista excepcional, de un renacentista en su formación polivalente y curiosa. Es difícil encontrar algo tan “macizo” como el trabajo, prácticamente en solitario, que desarrolló Bernardo desde esas publicaciones. ¿Qué podríamos equiparar a esa monumental intencionalidad de plasmar desde Capela tantos universos de la creatividad, del pensamiento, de la experiencia, de la memoria, de los afectos?¿El nivel – el tiempo lo dirá – podría estar en el que intentaran Camilo José Cela y Caballero Bonald en “Los papeles de Son Armadans”?. Es posible, como también podría enrasarse con la revista “Litoral”, redundada en el exilio mejicano por Giner de los Ríos, Prados, Altolaguirre. Aunque tal vez Capéela aparte de literaria, intenta ser manualita, ilustrada, renacentista también, como el Epistolario de Campomanes. Pero también más modernista, jugando a una especie de “collage” tan intencionadamente surrealista que podría firmarla un furibundo dadaísta y toda la generación del veintisiete al completo. Capela tiene entidad bastante para poner a Bernardo V.Carande en la más alta referencia de la creatividad literaria. El tiempo se encargará de decirlo. Ahora ese tiempo se ha parado un poco para todos con su partida, esta mañana luminosa de Almendral, en mitad de una otoñada prometedora que a el le hubiera hecho moderadamente feliz, porque en las cosas de la agricultura ya se sabe que no conviene echar las campanas al vuelo por si las moscas. Pero bueno, también a partir ahora va a encontrar, por los confines del horizonte, la dimensión acomodada a sus gustos de siempre : liar un cigarro, hablar con Don Manuel de los asuntos de la labor y mirar juntos el desarrollo de la sementera. Y darle un abrazo a José Manuel Alcolea Bejarano, que lleva esperándole más de treinta años desde que Bernardo lo creara para “Suroeste”,su inmortal novela. Antonio Vélez Sánchez Ex – Alcalde de Mérida |

