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Antonio Vélez
Autobuses y funcionarios
Antonio Vélez Sánchez. Ex-alcalde de Mérida   
10 oct 2005 actualizado 12:25 CET :: Leído 504 veces
No sabe uno a cuento de que esta historia de pisar los callos de los empleados públicos que vienen – en autobuses -  todos los días a Mérida. De pronto se han levantado contra ellos los mas extraños vientos de la intransigencia, impidiendo la discrecionalidad lógica que deben tener los puntos de “carga y descarga humana” para posibilitar que el juego de los horarios no robe demasiado tiempo a su descanso.

Da la sensación en este inusitado culebrón de otoño que esa cultura  tabernaria, que asigna a los funcionarios la condición de parásitos y picaros, ha sido la que ha influido en una toma de decisión ridícula y nada conveniente para los intereses y la imagen de esta Ciudad. Resulta fácil escuchar ese manoseado discurso entre copa y copa : ¡¡ Estos funcionarios que van y vienen, no aportan nada a Mérida, solo molestias y cuatro desayunos, mano dura con ellos, que se vengan a vivir aquí ¡¡. Y lógicamente desde ese discurso tan simplista, como el que se hacia de los maestros, que por lo visto siempre estaban de vacaciones, algún atrevido ejecutivo ha visto un filón para su imagen. Así es que la solución no podía ser otra: ¡¡ Todos al suelo ¡¡ perdón, a la estación de autobuses.
 
Claro que a la vista de cómo tratan los que mandan en el Ayuntamiento a sus propios funcionarios – con excepción de los designados a dedo y colocados en medios de comunicación con licencia para linchar – no es de extrañar este comportamiento pues para ellos, gente de empresa acostumbrada a mandar, los funcionarios no son otra cosa que empleados de su propio tinglado y que el único lenguaje que entienden es el del castigo, la represión y el miedo al expediente.
 
Parecería normal que se valorara el uso del transporte público, ara ahorrar energía y contaminar menos y que al mismo tiempo se ordenaran las paradas, como en los servicios discrecionales – no regulares – por ejemplo los escolares o los turísticos. Pues todo lo contrario ocurre al dar crédito a ese estado de opinión que algunos alimentan de manera insensata. De ahí a creerse un héroe justiciero, un sheriff de película con supuesto rendimiento electoral, va un paso muy corto, directamente proporcional a la inteligencia de quienes apoyan este despropósito.
 
Así es que conviene recuperar la sensatez, porque los funcionarios van a seguir viniendo, día a día, sin desarraigarse de su residencia. Y es lógico, porque Mérida accede a su papel de capital político-administrativa muy recientemente y se nutre, en gran medida, de funcionarios transferidos desde otras instancias del Estado, que no estaban aquí. Por ello deberíamos ser prudentes, al tiempo de respetuosos, con una dinámica que se produce con diaria rutina sin que nadie tenga por ello que jugar a gendarme de los tiempos o de las costumbres que, en este caso, se establecen  dentro de una lógica de funcionalidad y conveniencia.
 
Por tanto, procede respetar lo que se ha ido conformando a lo largo de años. Si acaso mejorar la cuestión con paradas concretas, como corresponde a unos servicios que en el fondo son discrecionales y  que han de ser, necesariamente, prácticos y efectivos con los horarios y los centros de trabajo. Lo contrario es repudiable de todo punto, por impuesto, cruel e inconveniente, aparte de atentar contra los derechos de los trabajadores a su libertad de residencia, facilitando un cómodo acceso a sus puestos de trabajo.
 
El tiempo irá dando a Mérida la dimensión de su papel y es lógico entender que los funcionarios con el tiempo apostarán por residir en su ubicación laboral. La Ciudad encuentra en su nuevo papel el mejor futuro, sin duda . Pero para ello, Mérida tendrá que presentar mejor cara, mejores servicios, mas escenas de participación cultural y lúdicas, mas amabilidad y mas coartadas que inciten a vivir en este lugar tan cargado de historia pero tan sobrado de actitudes como esta de querer estrechar el margen de movimiento de unos funcionarios cuyo único pecado – al tiempo de su grandeza como servidores públicos – es venir puntualmente a Mérida todas las mañanas, en invierno y en verano y a pesar de que quienes mandan en el Ayuntamiento no quieran entender algo tan fácil.
 
Esperemos que se imponga la lógica de la conveniencia de las cosas y que algunos no hagan que nos sintamos ridículos con sus actitudes, en una Ciudad que siempre ha sido mas libre y tolerante que lo que ellos pretenden.

 
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