Antonio Vélez |
| A vueltas con Proserpina |
| Antonio Vélez Sánchez. Ex-alcalde de Mérida |
| 16 ago 2005 actualizado 16:39 CET :: Leído 377 veces |
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A
finales de los ochenta vimos las tripas de Proserpina. Ocurrió que las
aguas se “eutrofizaron” al producirse un brutal aumento de los niveles
de materia orgánica y de determinados nutrientes que hicieron
proliferar las algas hasta convertir toda aquella masa de agua en una
sopa espesa, pues tal era la sensación que producía contemplar nuestra
venerada “Charca”. El Ministerio de Obras Publicas, a través de su
órgano de Cuenca, la Confederación del Guadiana, decidió vaciar el
bimilenario embalse.
Tuvo
su morbo toda aquella operación de vaciado, que duró bastante
pues no había aliviaderos de fondo con suficiente diámetro para
facilitar la operación. Durante ese tiempo todos hacíamos conjeturas
sobre el panorama que encontraríamos bajo las procelosas aguas,
especialmente en las cercanías de la muralla, donde suponíamos que
había una gran piedra, tal vez esculpida, debajo del pico de coronación
de la presa desde cuyas escalinatas nos lanzábamos al vientre de las
oscuras aguas, con el canguelo en el cuerpo, pensando que podríamos
abrirnos la cabeza contra la dichosa roca o que algún terrible monstruo
iba a engullirnos sin remedio. La cuestión fue, para desencanto general, que allí no apareció nada, solo un desolado y gran vacio sobre las aguas de nuestras leyendas y misterios. Una decepción que nos sumió en el más profundo de los desencantos. De cualquier forma, no fue en balde aquella operación en la que el Ministerio de Borrel empleó mil millones de pesetas, extrayendo un millón de toneladas de lodos fríos e inertes y devolviendo la capacidad original del vaso de granitos amarillos. Los científicos fueron felices haciendo mil conjeturas sobre la geología, los hormigones romanos, la funcionalidad de aquella excepcional obra de la arqueología de la zona. Y Mérida supo que aquel lugar era menos misterioso de lo que siempre habíamos imaginado. El Ayuntamiento se vio obligado a llevar una tubería de agua desde la Ciudad para sustituir a la que llegaba a las viviendas de la zona desde la misma “Charca”. Había que impedir que la masa verde de arbolado, con tanto esfuerzo conseguida sobre unas arenas estériles, no se secara y que los aseos y servicios sanitarios funcionaran. Así llegó el agua potable de la red de la Ciudad de Mérida a los residentes veraniegos de Proserpina. Arreciaron las críticas de la oposición, apretándonos sobre la urgencia, la adjudicación directa de parte de la obra a la empresa gestora del agua y otras cuestiones propias de su papel. Hubo que hacerlo así porque no había otra posibilidad. Fue una operación voluntarista y limpia, hacia un fin absolutamente necesario. Al tener aquellas urbanizaciones la condición de segunda residencia – en su inmensa mayoría – entendimos que su importe debía ser financiado por los propietarios de los “chalets” que eran quienes se beneficiaban de la operación. Pero como el vaciado había sido un imprevisto decidimos hacer incidir el coste con un canon sobre la tarifa de Mérida. Es decir que los usuarios de Proserpina pagarían un canon – veinte pesetas creo que fueron – sobre cada metro cúbico consumido allí. Así pagarían – en no menos de treinta años – la red general que les llevó el agua depurada que nunca habíamos tenido a pesar de sentirnos tan importantes con una casa junto a la “Charca”. Era lo justo y todos lo comprendieron. Nadie podía sentirse agraviado. Otras urbanizaciones, alrededor de la Ciudad, podrían en el futuro plantear una solución similar. Nadie se quejó de esa medida porque en todo caso hasta se podían llenar piscinas a mas bajo costo que antes cuando había que hacerlo con camiones cisterna. Lo curioso del asunto es que años después el Ayuntamiento, ya en otras manos y otras formas de pensar, eliminó ese canon para Proserpina, quizás instalado en un supuesto derecho a todo. Lo curioso es que allí tienen “Chalets” personas muy significativas del poder local y da la sensación de que se han favorecido con ello. Es decir se han tratado bien ellos mismos. Y del mismo modo se han pavimentado calles con fondos europeos, han puesto luces, construyen extraños centros de interpretación con los mismos fondos de Europa que deben ser para otras cosas mas elementales, como por ejemplo construir colectores que eviten que las aguas residuales lleguen al fondo del embalse que es a donde llegan inevitablemente, antes o después, a pesar de que algunos no quieran verlo por falta de evidencias. ¿Mas evidencias de lo que salió en los cienos cuando se vació todo aquello?. Pero claro lo más inmediato y rentable, electoralmente hablando, es favorecerse o favorecer a la clientela política, sobre todo si se tiene patente de corso con el silencio de quienes se ven injustamente favorecidos por encima de otros – por ejemplo El Vivero – que han puesto su dinero para costosas obras, de cara a su legalización. Pero aparte del Vivero hay también otras urbanizaciones – más o menos legales o alegales – que también tendrían todo el derecho como Proserpina a mejorar su situación con dinero publico como se ha hecho en Proserpina, aunque algunos allí se hayan creído amparados de ese derecho por tener una posición mas privilegiada. Es grave todo esto y habrá que seguir hablando sobre ello, hasta que Mérida – sus ciudadanos – tomen conciencia de muchas cosas, hasta perder el miedo a expresarse libremente por encima de medios controlados y de mercenarios al servicio de un poder poco ejemplar, cuando es capaz de favorecerse con los recursos de todos. Quizás la lección que nos ha dado Proserpina es que cuando se llega al fondo de un misterio ficticio nada encontraremos, solo vacio tras la fachada, por imponente que fuera en apariencia. Dentro de las tripas de Proserpina no había nada más que vacio y lodos podridos. Y a pesar de ello al ser aquel lugar especialmente mágico y envolvente por todo lo que sugiere su larga historia, así como las vibraciones que transmite a todos los emeritenses – aun no teniendo allí una casa – habría que mimarlo y tratarlo inteligente y ordenadamente para que sirva de solaz y esparcimiento para todos. |

