Antonio Vélez |
| A propósito de Proserpina |
| Antonio Vélez Sáchez. Ex-alcalde de Mérida |
| 27 jul 2005 actualizado 17:17 CET :: Leído 366 veces |
|
Proserpina,”La
Charca”, fue siempre para nosotros un lugar único, mágico,
deslumbrante, misterioso, todo a la vez. Hasta allí ibamos en
peregrinación esforzada – andando o en bicicleta – para justificar la
grandeza del pasado de una ciudad que, mal que nos pesara, habia venido
a menos.
Los
domingos de canicula, entre vino con casera, sardinas, pestorejo y
gazpacho, un pueblo entero – niños y viejos – dio rienda suelta a su
instintiva necesidad de sentirse medio desnudos junto al agua de
nuestros origenes. La muralla imponente, las entrañas turbias de lo
desconocido. La boca del infierno, los pretendidos manatiales,
submarinos y frescos, que nunca existieron. El “Pez Cocinero” – un horrible y devorador monstruo de las profundidades -- con el que nos asustaba el viejo Juan “el Cañí”. El Lavadero con sus oxidados artilugios para limpiar la lana nos daba cobijo cuando ibamos a por las mejores moras de los zarzales en suelos frescos. Los bocines con sus leyendas de abismos. Los campos ardientes de alrededor, llenos de lagartos, canchales y conejos. Todo un mundo que solo está ya, difusamente, en el recuerdo de quienes llenamos por aquellos contornos una parte importante de nuestras vidas. Luego, en un flash de progreso modelo años sesenta, aquello se llenó de chalets, construidos apresuradamente, sin servicios apenas, con un abastecimiento de agua no potable, solo para andar por casa. En fin, el desarrollismo de secano, que a pesar de todo nos hizo casi felices a quienes tuvimos la suerte de tener allí un sitio. Mas adelante, por pura necesidad, se llevó el agua potable, cuando se vació la charca y comprobamos que sus misterios, los de los emeritenses sobre aquel cuenco de granito, no eran para tanto. Solo tuvimos claro que Proserpìna necesitaba urgentemente un sistema de alcantarillado para solventar un problema de vertidos que desde las fosas septicas se iban acumulando en el fondo impermeable y rocoso del vaso para corromper su pureza milenaria. Supimos que aquellas burbujas que salian a la superficie cuando removiamos los cienos frios eran de metano – el gas de los pantanos – y que el proceso acumulativo con los vertidos de los “wateres” terminaria irremediablemente con el tesoro que siempre habia sido el lago para los romano-emeritenseses, que siempre buscaron sus aguas para solaz de sus cuerpos, como atestigua la invocación en piedra a la diosa Proserpina por quien se vió desnudo, en mitad de sus orillas, cuando un ladrón inesperado le robó la tunica y otras prendas. En resumen,que bajo el explendor de la Mérida divertida, lúdica, dominguera, por el subsuelo de la sociedad rica – “entre comillas” – de las nuevas clases sociales emergentes – del desarrollismo, vamos – avanzaba inexorable e irremediablemente los detritus inconfesables de toda nuestra humanidad biologica, hacia el fondo del gran vaso que construyeran tan cristalinamente nuestros antepasados romanos. Ahora, es sorprendente, que se anuncie a bombo y platillo el asfaltado de algunas calles que vierten a las orillas y como se desprende de la noticia van a hacer canaletas para recoger el agua de superficie. Es lo que han hecho durante estos años: cascaras, fuentes, rotondas, que son mas rentables electoralmente, borrando a la vez, cuando no demonizando, todo el esfuerzo pasado por hacer ciudad desde las tripas, cuando el dinero era tan caro, no existia Europa y no habia patrimonio que vender. Escandaliza el gasto tremendo en un centro de interpretación de dudosa intencionalidad y funcionalidad practica por encima de la imperiosa necesidad de construir un colector en anillo alrededor de “la Charca” para recoger con alcantarillados todos los vertidos domesticos de las viviendas e incluso, porqué no, ampliar con cautela – y a muy baja densidad - la edificabilidad del entorno. Después de diez años de autobombo de quienes mandan en el Ayuntamiento, con prensa, radio y televisión propios, para linchar y exterminar a quienes piensen diferente, esas son las soluciones para Proserpina: Cascaras, inutilidades, cuestiones electoralistas. Personalmente entiendo que el alcantarillado de Proserpina deberia estar ya en funcionamiento o en todo caso hacerlo prioritario sobre otros gastos con recursos europeos que marcan especial preferencia para los temas de vertidos y agresiones medioambientales. Después de diez años en el Ayuntamiento no pueden hacer juegos de prestidigitación sobre obligaciones tan ineludibles. O sea, ALCANTARILLADO EN PROSERPINA. La Charca está llamada a ser la escapada natural, ociosa, lúdica, de los emeritenses.Tiene poderosas razones para jugar ese papel. Está cerca Royanejos que ha de ser un gran parque periurbano, no una abortada e ilusoria ciudad romana al estilo de Samuel Bronston, como un dia pretendieron y de lo que nunca mas se supo. Ahora se gasta el dinero en un centro de interpretación y en asfaltar algunas calles. Lamentable. Vamos a hablar mucho de Proserpìna, porque a pesar del tiempo y las promesas sigue siendo la asignatura pendiente. Pero para eso hay que creer en un sueño de Ciudad para la que ese vaso de agua, más que bimilenario, entre campos de granitos al sol, sigue siendo un enclave magico a la sombra de Carija. |

