Un compromiso traicionado por quienes olvidaron que la historia del pueblo saharaui va ligada a España y por ello resulta intolerable el doble discurso de Zapatero, que por un lado se une con Francia, defensora de las pretensiones de Mohamed VI, y por otro mantiene la retórica de cara a las bases del PSOE, que muestran un claro respaldo a la legalidad internacional, porque Marruecos no tiene soberanía en el Sahara y su único "título" fueron los Acuerdos de Madrid, de 14 de noviembre de 1975, firmados con el Gobierno de Arias Navarro.
Hoy el pueblo saharaui pervive liderado por Mohamed Abdelaziz, reelegido secretario general del Polisario durante el XII Congreso, celebrado en Tafariti durante los días 14 al 18 de diciembre pasado. Abdelaziz encabeza el movimiento desde 1976, convirtiéndose en el guía del Polisario y a la RASD hacia el compromiso político con la legalidad internacional, proponiendo un Sahara Occidental, organizado según los principios de la democracia occidental, incluida la democracia multipartidista y la economía de mercado.
La continuidad de Abdelaziz al frente de RASD es una "apuesta por la paciencia, sin descartar la vía armada en el futuro". Aunque la decisión sobre la "vuelta a la guerra" parece quedar a la espera de los resultados de las negociaciones con Marruecos y del comportamiento de la comunidad internacional, en general, y de la ONU, en particular.
Durante la celebración del Congreso, España no escapó a las críticas del Polisario: "España tiene la responsabilidad histórica, ética y legal hacia la liquidación del colonialismo en el Sahara Occidental y permitir al pueblo saharaui de su derecho de ejercer la autodeterminación". Al tiempo que exigen de la comunidad internacional que obligue a Marruecos a respetar los derechos humanos en el Sahara Occidental, que le presionen para que libere a los 151 detenidos saharauis y esclarezca la desaparición de unos 500 saharauis.
La paz y la estabilidad de la región, serán ilusorias mientras no se respete el derecho del pueblo saharaui a la libre determinación, cumpliendo la legalidad internacional. Porque el tema del Sahara no admite ambigüedades.