Sábado, 04 Julio 2009
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Antonio Quintana
Pan, azúcar y mantequilla
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Antonio Quintana
29 jun 2008 actualizado 14:27 CET :: Leído 317 veces
A veces ocurre que esperamos demasiado de alguien y es frecuente terminar decepcionados. Eso ocurrió con el discurso del presidente Fernández en el "debate sobre la orientación de la política general de la Junta de Extremadura". Así de simple.

Vara empezó su discurso desenvolviendo el caramelo que al final terminó atragantado en los gaznates de la bancada socialista, porque Vara leyó como un papagayo, no un discurso de ideas innovadoras, capaz de poner a Extremadura "viento en popa a toda vela", si no más bien parecía la lección memorizada de un jefe de sección, dando lectura al informe solicitado por el superior. Incluso hubo quien echó de menos a Ibarra, que anduvo por allí, silbando y de perfil. Hay "gente pa to"

El discurso del Sr. Fernández se podría resumir en anuncios ya hechos en los medios de comunicación, acuerdos del Consejo de Gobierno o simplemente cuestiones ya recogidas en el Diario Oficial de Extremadura. Es decir cortar y pegar, nada nuevo, nada que no hayamos oído una y otra vez, por boca de los altos cargos en las comisiones parlamentarias o por la propia Junta. Por eso el tedio sobrevolaba el hemiciclo y con la mente puesta en el partido entre España y Rusia.

A la mañana siguiente, el debate empezó con el regusto del resultado del día anterior: España 3 Rusia 0. Se abrió la sesión y Cesar Diez Solís, designado por el Grupo Popular, no se anduvo ni con florituras, ni por las ramas y desde el primer momento, directo y al grano, claridad, contundencia, soluciones y pactos. Diez Solís paraba templaba y bajaba la mano, al natural, con la izquierda y el pase de pecho, entrando de lleno en los problemas de la región y aportando soluciones.

Solo así se puede explicar que después de su intervención, fue cuando empezó el autentico debate, por que al Sr. Fernández no le quedó otro remedio, aunque su intervención fue un continuo repetir machaconamente lo que ya nos contó y nuevamente insistía en contarnos, muy nervioso y descompuesto.

El primer debate de Vara pasará a los anales de la historia del parlamento extremeño como el debate que pudo ser y no fue, por que los planteamientos de Vara son musiquillas celestiales. ¡Pan azúcar y mantequilla!